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A partir de esta semana publicaré cada semana un breve recuerdo de las películas que influenciaron mi forma de ver cine, de volverme adicto a la pantalla grande y a las cosas que pasaban en ella.

En el principio era el cine. Era ver películas hasta dormir. O ir al cine a dormir. O a esperar el fin de semana de Permanencia Voluntaria de Canal 05 para ver una película subtitulada en ese entonces, algo de acción barata por la mañana, cine clásico b, por las noches alguna película que por fin estrenaba en la televisión tras su paso por el cine. Obviamente no era cambiarle al Canal 09, vetado eternamente por transmitir pura película mexicana de charritos, nada emocionantes, dramas eternos, comedias sin gracia, casi todas malas, pocas memorables.

En el Canal 05 la mañana iniciaba temprano, casi siempre eran películas de ninjas, de karatecas, de monstruos, de niños en aventuras, de mascotas que recorrían kilómetros y kilómetros para reunirse con sus dueños. En la noche si el estreno era para adultos era mandar a los niños a la cama, yo incluido, con la canción de la familia Telerín de fondo. El horror. Seguro era muy malas y tenían besos y otras cosas que no eran tan importantes como ver golpearse a dos tipos por nada.

Eso fue al principio. Un día me di cuenta de que ese tipo de películas ya no me entusiasmaban, que yo no me interesaba poder ver de nueva cuenta “Rendirse nunca, retroceder jamás” (“No Retreat, No Surrender” Corey Yuen 1986) y que necesitaba ver otros cosas. Fue cuando apareció en mi horizonte el Canal 11, el canal del Instituto Politécnico Nacional, con un catálogo de películas desconocidas que resultaban muy fascinantes, aunque fueran viejas y en blanco y negro.

Seguramente fue en la secundaria o en el último año de la primaria donde comencé a ver realmente ese tipo de cine, aunque recuerdo ya había visto  muchas películas consideradas clásicas para ese entonces. Quizá empecé a verles poco después del divorcio de mis padres, cuando  me quedaba solo en casa. Quizá. Recuerdo que con mi padre llegue a ver varias películas protagonizadas por Fred Astaire, haber descubierto “Infierno en la Torre” (“The Towering Inferno”     John Guillermin, 1974), haber visto los musicales de “Cantando Bajo la Lluvia” (“Singing in the Rain” Gene Kelly / Stanley Donen 1952) y “Siete Novias Para Siete Hermanos” (“Seven Brides for Seven Brothers” Stanley Donen 1954).

Al paso del tiempo todo lo que vi formó un terciopelo de recuerdos, formó un tapiz de cintas que marcaron mis preferencias, que marcaron mi interés para ver que había más allá de lo que a primera vista las cintas mostraban, En la preparatoria comencé a escribir opiniones de películas y en la Universidad pronto me di cuenta era el típico recomendaba películas a sus amigos y que se saltaba clases para irse a ver alguna que le interesaba. Y al salir de la carrera entrar a la Cineteca Nacional a realizar mi Servicio Social y de ahí entrar a mi primer trabajo serio en el Diccionario de Directores de Cine Mexicano de la mano de Perla Ciuk y aprendiendo el oficio desde el trabajo diario.

Esto es una guía muy personal de lo que yo considero las cintas obligadas de ver para mí, las que me hicieron un cinéfilo empedernido, un amante de meterme a una sala de cine y vivir la experiencia, de conseguir las cintas a cualquier forma, con un lema sencillo “La buena película es la que se puede ver”.

Y aclarando eso, arrancamos.

0001 Terciopelo Azul

0002 El Abismo Negro

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