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MarcelinoPanyVinoEn 1955 el director Ladislao Vajda estrenó la cinta por la que pasaría a la historia, Marcelino, pan y vino una cinta de cargada ideología religiosa que conmovió a prácticamente todo el mundo en gran parte debido a la actuación de Pablito Calvo, quien con seis años presentaba un candor y carisma que aún perdura. Ahora, 55 años después se hace un remake ambientado en la Revolución Mexicana y que carece prácticamente de todo lo que hizo a la primer versión triunfar.

La nueva versión de Marcelino, pan y vino es dirigida por José Luis Gutiérrez Arias, quien logra crear una cinta plana, burda, moralina y que ambienta en la revolución mexicana sin motivo alguno, sólo, quizá, para conseguir apoyos económicos en esta época del festejo del centenario.

Hacer una crítica de la película partiendo de su carga ideológica es un error, se sabe la importancia de la religión católica en la cinta, por lo que no hablaré de ella, independientemente de eso, el film carece de elementos que le hagan atractivo o que indique va a crear historia en el cine mexicano.

El primer elemento que juega contra la cinta es el recuerdo de la de Vajda, iniciando con la elección del niño que interpreta al personaje principal, donde Pablito Calvo inunda la pantalla con su don carismático, Mark Hernández se ve poco simpático y con risas forzadas, no logra conmover al espectador. Pero no es culpa de él, no tiene un director o un guión que le ayuden con el difícil papel.

Los monjes franciscanos son como postales mal iluminadas donde se adivina algo pero no se distingue bien qué es, ni Alejandro Tomassi, Jorge Lavat o Gaston Peterson logran imprimir credibilidad a una cinta donde el guión es tan flojo que ni los grandes actores pueden asirse de algo para hacer creíble lo que vemos en pantalla.

El halo de misticismo que envuelve a la historia de Marcelino, aquel que dio pan y vino a una figura de madera de Jesús en ésta nueva versión podría tener otra explicación que la religiosa. Marcelino es mordido por una serpiente y queda al borde de la muerte, es curado con medicina herbolaria por la madre de su mejor amigo, el niño Eleuterio, quien vive escondido en la sierra con sus padres, miembros de la bola revolucionaria. Al salir de su crisis, durante la cual sueña como su amigo se despide de él, ya que es asesinado en una emboscada, comienza a alucinar que le ve.

Lo anterior me lleva a preguntar si no es un simple delirio causado por las hierbas lo que no sólo lo lleva a jugar con su amigo muerto sino a pensar que el Cristo de madera es un ser con vida propia. Hasta los franciscanos lo ven raro y sospechan que su actitud se debe a que está robándose el vino de consagrar.

Como ya señalé arriba, la película carece de guión y dirección, no tiene ritmo y que se instale en la revolución es demasiado forzado. Mejor esperen a que pase la versión original en televisión y no malgasten su dinero en una cinta hueca y que no aporta nada… por cierto, no por ser una película mexicana la voy a recomendar por decreto, eso se lo dejo a otros.

Marcelino, pan y vino

Dir. José Luis Gutiérrez Arias

Con: Mark Hernández, Alejandro Tomassi, Jorge Lavat

México 2010

Publicado originalmente el 16 de diciembre de 2011 en carteleradecine.mx

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