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Tau brontis jodorovsky daniel castro zimbron criticaUn hombre (Brontis Jodorovsky) en busca de algo llega a un desierto, no sabemos dónde ni sabemos por qué. Pronto vemos que recolecta pedazos de cactus y los dibuja, no es difícil adivinar ahora a qué se dedica. Sin embargo, toda la tranquilidad que aparenta de día se ve eclipsada por un tormentoso pasado que ahoga con tequila por las noches.

Una bola de fuego aparece por un segundo y así como el personaje, uno cree es el efecto del alcohol. Los días pasan y cada noche es lo mismo hasta que un día se levanta, sólo para darse cuenta de que todo ha sido destruído y sin agua ni alcohol tiene que encontrar una forma de salir de ahí y sobrevivir. A partir de este momento, entramos en un viaje entre los efectos del peyote, la falta de alimentos y agua, y un pasado que toma forma física.

Táu filmado en Wirikuta intenta mostrar el lado místico del desierto así como la importancia de conservar un mundo que no se debería de modificar, que tiene sus propias reglas y que si nos adentramos a él, nosotros simples mortales, será para enfrentar todo aquello de lo que huimos.

Sin embargo, en pantalla todo lo resumido en los párrafos anteriores es una serie de postales hermosas puestas en fila. El sentido de la película está completamente diluido dentro de una fotografía espectacular, así como el personaje, el espectador se encuentra perdido sobre lo que pasa en pantalla. Es en definitiva una propuesta interesante en cuestión de técnica pero en cuestión de narrativa falla al tratar de combinar el sentido místico del desierto con una trama sobre los demonios internos de cada uno, nos quedamos en una serie de eventos que se tienen que poner juntos al final y ordenarlos para entender qué es lo que se vió en pantalla.

Entre momentos visualmente hermosos pero muertos en cuestión dramática, Táu es una película con intenciones buenas de mostrar que no se debe de lastimar a lugares sagrados pero que falla en su todo al ser una especie de viaje de peyote que sólo los creadores entienden completamente y uno como espectador sólo estamos ahí para presenciar algo especial para ellos pero que no logra emocionar al espectador ni transmitir ese amor por un lugar tan especial.

En la primer parte de la película tenemos sólo a un personaje, interpretado por Brontis Jodorovsky, hasta que a éste le o él destruye su campamento (no queda claro dentro de la película, si llegan a leer la sinopsis lo dejan claro), y para la segunda parte tenemos a una actriz que llega como personificación de ese pasado que no puede superar y que hasta que no lo haga no podrá seguir adelante.

Táu es visualmente hermosa con tomas que sacan lo mejor del desierto pero que diluye tanto la trama que toma bastante tiempo poner las piezas en su lugar, sin embargo aunque escondida y en pedacitos hay una pequeña historia que lamentablemente no logra presentarse efectivamente en pantalla.

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