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francofoniaEl director ruso, quizá el artista más importante del cine en la actualidad, Aleksander Sokurov (famoso en México por su monumental y alucinante filme histórico de ficción realizado en un solo plano secuencia de casi dos horas El Arca Rusa, así como por Fausto, Madre e Hijo y Padre e Hijo), se enfrenta en su nuevo filme Francofonía (Francofonia, le Louvre sous l’occupation), directamente con los fantasmas que rodean al Museo de Arte más famoso del mundo: el Museo del Louvre, que se encuentra en Paris, Francia. Esto, durante un periodo especial: la ocupación nazi alemana durante la Segunda Guerra Mundial.

Los espectros que se encuentran al paso de Sokurov, son el padre del lugar: el Emperador Napoleón Bonaparte, llenando de humor el afán del coleccionismo de arte; Marianne, el espíritu encarnado de la Revolución Francesa y que también funge como el corazón del mismo arte; un marinero a través del Internet, quien se hunde valerosamente transportando contenedores llenos de arte en una tormenta en el mar; Jacques Jaujard, el director del Museo del Louvre -quien acabará olvidado y en la soledad a pesar de sus esfuerzos maravillosos y logrados de rescatar el arte de manos nazis; y Franz Metternich, el nazi que a través de la coartada de la burocracia, logra evitar que el arte del museo se desperdigara para acabar en manos de Hitler y sus secuaces, y quien al final de su vida, es condecorado por Francia y amado en los círculos del arte en el mundo.

La forma de narrarlo es auditiva primordialmente y a través de capas de información (casi siempre en voz off) que se disuelven entre ellas para lograr un conversatorio enloquecido que va más allá del valor anecdótico y que en su conjunto narran una historia del amor al arte sin frontera ni edad y que subraya la adoración nazi por el arte francés (es leída una carta de Hitler que da instrucciones precisas y prioritarias de no afectar el arte de la ciudad). Sin reiteraciones: va y viene dentro de este palacio creando una arquitectura de palabras e imágenes que semeja al del museo mismo.

Hay una nostalgia que tiñe a la película y es el contraste que Sokurov encuentra entre la historia de sus catedrales favoritas del arte: el Louvre y el Museo de L´Hermitage, ya que este último terminó violado y devastado por los alemanes en la misma conflagración y que tuvo que ser utilizado como hospital y cementerio en la Segunda Guerra Mundial y, que después, recuperó su esplendor.

Esta es una oda amorosa entrañable y enamorada del arte, dirigida a los templos construidos para tratar de contenerlos físicamente, porque, tal como se confirma en esta obra maestra, el arte siempre se desborda en el corazón de quienes lo contemplan. Se puede intentar hablar del mismo, pero siempre bordeando la desmesura y al intentar establecer un diálogo respecto a este, Sokurov de nuevo cuestiona como en sus filmes anteriores, al formato de exhibición, en este caso mostrando sus bellísimas imágenes con otra mascarilla y a través de filtros quizá creados para el filme, con la intención de modificar su dimensión y tamaño –para hacerles tan irreales como poéticas- y de paso mostrar dentro de pantalla a la línea del audio. Una recuperación de materiales de archivo, seguramente fue lo que hizo imposible lo que se rumoraba antes de la filmación: que Sokurov hará de nuevo un largo plano secuencia para celebrar al Louvre, como lo hizo antes con su museo ruso.

Con una duración que roza apenas los 90 minutos, Francofonía es quizá el mejor filme presentado en la actual Muestra Internacional de Cine que se encuentra en exhibición en la Cineteca Nacional y un circuito que abarca también las dos principales cadenas de exhibición de nuestro país.

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