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safariEl trabajo más reciente de Ulrich Seidl, director de la trilogía de Paraíso (Amor, Fe, Esperanza); es Safari, un documental que nos lleva como testigos de un grupo singular de gente rica que paga para poder cazar animales en África; entre más raro el animal, más euros tienen que pagar.

Sin hacer ningún comentario ni intervención durante el documental, Seidl deja que los cazadores se maten con su propia mano. Cada pareja o familia que muestra es entrevistada sobre el por qué cazan, qué tipo de animales han cazado y quisieran cazar, el arma que han usado, deseos o expectativas que tienen para esta ocasión que irán de cacería.

Las respuestas son directas, no dan rodeos y de manera muy honesta, casi ingenua, buscan justificarse. Entre las respuestas que resaltan es “matamos sólo a los animales viejos, los que se ven enfermos. En realidad, les estamos haciendo un favor; matamos a los débiles”, tal vez no prestaron mucha atención a sus clases de ciencias porque hasta aquellos que sólo han visto El Rey León saben que hasta un animal muerto en la naturaleza no es un desperdicio, sirve de alimento para las especies carroñeras y el resto se convierte en nutrientes para la tierra.

Entre otras de las respuestas que causan impacto es la que da una pareja, especialmente el hombre quien toma la actitud de “no soy racista, pero…”. El pobre hombre se presenta a sí mismo como alguien que quiere ayudar a los locales, pero lo que pasa es que éstos son muy orgullosos y no quieren ayuda, son muy nacionalistas y no escuchan a nadie, aunque él quiera ayudarlos no puede porque dice que siempre que dice algo es tachado de racista. Aquí tenemos a un hombre blanco, europeo, rico que caza animales porque puede y tiene con qué. Es alguien con muchos privilegios y es en ese pedestal que se encuentran en el que no quiere o no puede ver que nadie le ha pedido su ayuda; eso sí, él se siente profundamente herido porque siempre lo tachan de racista.

Pero el dinero lo puede todo y entre más dinero tengas mejores premios te puedes llevar; y es que lo que hacen dista por mucho de un cazador. El cazar para nosotros, los humanos, era dirigido para sobrevivir; sin alimento, no podemos vivir. Sin embargo, la cacería de esta gente rica europea es entretenimiento, es como si fueran a uno de esos locales de Six Flags en las que ya pagas por tu premio y te lo llevas sin ningún problema. Cada uno de ellos son guiados y ayudados por el dueño del lugar (otro europeo rico) y locales para localizar a su presa, sin esfuerzo alguno se les indica el lugar y el momento para disparar; hasta tripie para postrar el arma llevan, todo para que sea lo más cómodo y agradable para los clientes.

Lo que vemos en pantalla es un pasatiempo de gente rica. Es un tour para matar animales, en donde no importa qué tipo de animal sea, todo tiene un precio y si lo puedes pagar, te lo vas a llevar. Es claro que se necesita puntería y el saber usar los rifles, pero más allá de eso, todo lo demás es puesto en bandeja de plata, no hay ningún esfuerzo para conseguir una cebra, una jirafa, etc.

Después de matarlos, se toman esas famosas fotos que han causado todo tipo de alborotos y rabia en las redes. Los animales muertos son postrados de la mejor manera para que luzcan, les echan agua en los cuernos para que brillen, les ponen piedras debajo de la cabeza para que no salga agachada, les ponen un poco de hierba en la boca; todo para que la foto sea perfecta.

Si la cacería en su concepción era para sobrevivir, ahora sólo es para obtener la piel y cabeza de los animales. Ni el esfuerzo, ni el conocimiento para despellejarlos es necesario; una vez tomada la foto, el cadáver es trasladado para poder ser despellejado y cortado para su consumo (no se especifica si la carne también se la llevan o se vende en otra parte).

El documental es cauteloso con lo que muestra, no busca el morbo del asesinato de los animales. En pantalla vemos los cadáveres de todos los animales, pero en realidad sólo vemos el asesinato de uno de ellos: la jirafa. En las otras ocasiones sólo apuntan al lugar, la cámara ve hacia donde apuntan, aunque no se logra distinguir nada entre los árboles, pastura y rocas. Sin embargo, la muerte de la jirafa sí la vemos, y no sólo eso, vemos el momento de su agonía, vemos como intenta hacer un último esfuerzo por levantarse hasta que muere; para después, ver a los felices cazadores felicitándose y aplaudiendo su gran hazaña.

El documentalista no necesita agregar nada extra, cada uno de los entrevistados deja muy claro el por qué están ahí y es evidente para el espectador que defienden cosas que no se pueden defender.

Safari es uno de esos documentales que impactan tanto por el tema como por su manufactura. Es directo, muestra lo suficiente de cada uno de los entrevistados para que tengamos una visión de quiénes son y no se apoya en el morbo del asesinato para causar impacto, sino en las reacciones de los cazadores y lo qué dicen.

Safari es parte de la programación de Ambulante 2017.

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