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En la paradisíaca villa australiana de Tanna, dos tribus comparten en la actualidad, una cosmovisión primitiva y han ganado sostenerla contra la colonización, el progreso capitalista y las ofertas económicas que han recibido para cambiar. También comparten la idea de los matrimonios por conveniencia y la de que el amor no se anteponga a sus visiones políticas. Lo que los separa es la lucha por las tierras y el que estas dinastías ya no quieren más muertes de sus integrantes, debido a estas continuas batallas. Casar a una joven virgen de una de las tribus con el heredero de la otra, suena lógico. Pero la idea del amor conyugal es algo inusitado en sus costumbre sociales y políticas que acaba por sorprenderlos y darle un final suicida a esta historia.

Lo que pareciera ser una adaptación anodina y exótica de “Romeo y Julieta”, “Tanna”, Opera Prima en ficción de los documentalistas Bentley Dean and Martin Butler, es un filme apoteósico en su belleza basado en hechos reales que conmovieron en su tiempo, no sólo a la sociedad bienpensante y mejor actuante de occidente sino a las mismas tribus, que desde entonces ya han modificado sus usos y costumbres para incluir el amor entre los argumentos aceptados para matrimoniarse.

Suena extraño que en esta época en que se ha demostrado que el amor es la raíz de la esclavitud sexual de la mujer (como lo demostró recientemente “Las Elegidas”, de otro joven talento emergente mexicano, David Pablos), los directores de “Tanna” hayan decidido abstenerse a cuestionar los valores éticos y morales de proponer el amor heteronormado como forma de estabilidad política —tanto de la tribu como de la pareja de amantes víctima de los prejuicios—  y se hayan ido hacia una anécdota que, no por real nos parezca menos anacrónica.

Añádase a eso, el exotismo de estas tribus que es retratado sin contención (premio a mejor fotografía en el Festival de Venecia), siempre celebrando la belleza del paisaje y los cuerpos, el color, el maquillaje, el vestuario mínimo y festividades bastante similares a las nuestras. Para ello, los cineastas recurren a los denominados «no actores», que son personas de estos grupos étnicos representando de manera extraordinaria sus propios papeles; y nunca caen en la posibilidad del docudrama y se abstienen de documentar algo más allá de los meandros de su melodrama —con uno que otro coqueteo que se puede leer como «valor de producción».

Con todo esto, acabamos por encontrarnos con un filme políticamente correcto, bello y bien intencionado que se alinea con las fábulas de contenido social tan apreciadas por la Academia de cine en Hollywood, por lo que no es de extrañar que este haya sido postulada por Australia para ser nominado como Filme en Lengua Extranjera (está narrado totalmente en el dialecto de la tribu) y ganado su nominación posterior.

“Tanna” forma parte del ciclo Talento Emergente 2017 de la Cineteca Nacional.

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