
Lo que nos van dejando, ópera prima de la directora Issa García Ascot, es una poderosa narración apuntalada en la actuación de su protagonista Natalia Solián. Un viaje a través de la memoria, el dolor y el trauma para llegar a la aceptación sobre lo que somos, y aprender a vivir con las cicatrices del pasado.
Sara (Solián) es una bióloga molecular de 30 años quien deja la ciudad para ir a la selva a recoger un archivo en un centro de investigación ubicado ahí. Lo que en principio parece un viaje hacia la nada, se torna en una aventura de autodescubrimiento donde la joven irá desbloqueando memorias y eventos de su pasado. Algunos en apariencia desconocidos para ella misma.
Natalia demuestra aquí ser una de las mejores actrices de su generación, al apreciar en pantalla como sus silencios y dolor van cobrando sentido. Desde su primera escena, García Ascot la muestra frágil, con un severo alcoholismo por medio del cual busca evadirse de algo desconocido. Ni ella misma parece saber lo que es. Y el espectador acompañará a Sara en ese camino de indagación.
De forma análoga a lo visto en La Reserva (Pérez Lombardini, 2025), la cineasta usa la selva y la naturaleza para envolver a su personaje con ella. Ese contacto con tal medio ambiente detona en la joven un proceso inesperado. La fotografía refuerza ese sentimiento de vulnerabilidad especialmente cuando esos funestos recuerdos comienzan a salir a la superficie.
Existen también simbolismos interesantes aquí y allá, como el empleo de la lechuza el cual funciona como vaticinio de muerte, dotando al relato de cierto aire del folclor mexicano relacionado con la comunidad chiapaneca donde todo sucede. Su ulular llama su atención, junto a un extraño ruido que escucha en su cabeza, le invade y le provoca desmayos tras de los cuales parece no recordar nada.
Otro simbolismo está relacionado con la podredumbre del techo donde ella se hospeda, el cual día a día luce más lleno de humedad, y una mancha ubicada allí comienza a crecer… a la par de otra que aparece en su cuerpo, como si algo dentro de ella misma también se estuviera pudriendo. Issa emplea ese recurso para reflejar el trauma interior emergiendo y manifestándose en su piel, recordando un poco lo que le ocurría a Linda (Rose Byrne) en Si pudiera te patería (Bronstein, 2025).
Estas situaciones se suman al viaje interior de la intérprete, el cual le lleva a cuestionarse su propia identidad, y entender que en realidad, lucha contra ella misma y sus deseos, y también contra sus miedos e insatisfacciones. Y el espectador es testigo de esa lucha interna y cómo de alguna forma, gracias a este proceso, alcanza cierta liberación.
Lo que nos van dejando es un filme reflexivo y sensorial, el cual marca el regreso en forma de una realizadora quien hace unos años sorprendió gratamente con su cortometraje ¿Y cómo es él? (2001), ganador del premio a Mejor Cortometraje en una edición pasada del FICG. Por ello no es casualidad que en esta ocasión haya figurado en dos de las categorías principales del dicho festival: el Premio Maguey y el Premio Mezcal.
En CineNT charlamos a fondo con Issa García Ascot sobre esta historia la cual encuentra en la memoria las raíces de la identidad propia; revelando en esa charla secretos e inspiraciones detrás de este misterioso trabajo. Aquí la entrevista: