Después de revolucionar el género el 2002, al introducir el concepto de los infectados con la exitosa Exterminio (28 Days Later), la dupla de Danny Boyle y Alex Garland han vuelto a este universo desolador con una secuela la cual decidió seguir los pasos de la primera entrega el año pasado con el lanzamiento de Exterminio: La Evolución (28 Years Later), centrándose en una comunidad donde se ha encontrado la salvación con una estructura social nueva de tintes bastante sospechosos mientras ahondaba en la relación de una familia rota que lleva al joven Spike (Alfie Williams) a arriesgar más de lo pensado en una aventura para salvar a su madre enmedio del panorama de un Reino Unido post apocalíptico.
Sin embargo, la tan anunciada y esperada nueva trilogía tiene un segundo episodio muy llamativo con Exterminio: El Templo de Huesos (28 Years Later: The Bone Temple), filmada a la par de la anterior cinta por Nia DaCosta (Hedda, 2025; Candyman, 2021) y escrita por Alex Garland, donde dejan de lado los pecados de los padres para enfocarse en un relato diferente: el encuentro inesperado de Spike (Williams) con un culto ultra violento conocido como los “Jimmys”, liderados por Sir Lord Jimmy Crystal (Jack O’Connell) y el choque que su camino lleva con el carismático Doctor Kelson (Ralph Fiennes), quien parece ser el único tipo cuerdo en este insano y destruido mundo.
El estilo de DaCosta es completamente diferente al de Boyle, patente en esta nueva entrega con momentos brillantes y una atmósfera incómoda que genera miedo mientras el guion aborda la desmedida fe y creencias de un grupo -con guiños al perverso locutor de televisión Jimmy Saville-, enfrentados a Kelson quien esgrime la ciencia como último recurso. Ese dilema se exacerba de forma interesante al barajar una verdadera evolución la cual nos lleva a un punto en donde ambas perspectivas chocan y nos muestran la verdadera naturaleza de la bestia que azota a ambos bandos.
Uno de los grandes aciertos de Exterminio: El Templo de Huesos es la más profunda exploración de Kelson, aquel individuo solitario quien parece haber perdido toda esperanza hasta conocer a Sansón (Chi Lewis-Parry), un infectado alfa el cual se comporta de forma distinta a los otros. Garland acierta al darle una existencia melómana a su excéntrico personaje, donde rolas como “Rio” y “Ordinary World” de Duran Duran, brillan y se integran a una personalidad curiosa, noble e ingeniosa. Fiennes aprovecha la cancha libre otorgada para ahondar en la soledad, el agnosticismo y la faceta cerebral de su personaje, detonándolo todo en una impresionante secuencia al ritmo de un tema icónico de la banda metalera Iron Maiden, creando una de las escenas más memorables que podremos ver este año.
Por otro lado, tenemos a los Jimmys. Si bien son interesantes los variopintos jovenzuelos quienes hacen lo que les place en un mundo inhumano, llama particularmente la atención su psicopático líder satanista Jimmy Crystal (O’Connell), el cual desciende de una familia recalcitrantemente religiosa y alberga una bizarra fascinación con los Teletubbies, creando a partir de ello una figura de autoridad suprema con una visión fatalista del mundo. Este duelo de miradas a ese mundo desolado nos remite a uno de los principios originales de la franquicia: ¿qué tanto hemos perdido nuestra humanidad? Esa disyuntiva es explorada por la historia de Garland, pero también por el brutal toque de Nia DaCosta la cual deja de lado la cámara frenética e impulsiva de Boyle en pos de algo más clásico, y por momentos incluso muy íntimo.
La excepcional música, compuesta por Hildur Guðnadóttir, le brinda un toque especial al mezclar angustia desgarrada con serenidad. Y aunque pareciera, por momentos, ser tan desesperanzadora como el filme original, su encanto reside en plantear que, a pesar de la oscuridad y todo lo terrible acaecido al mundo, siempre se atisba una luz de esperanza a la cual aferrarse. Es ahí donde entra en juego un personaje clave: Sansón, el enorme infectado cuyo rol hace que la palabra evolución se eleve por encima del virus de la rabia que terminó por hundir al mundo. Su destino cierne un desenlace donde el memento mori, mantra del Dr. Kelson, puede o bien transmutarse en un memento amori, o convertirse en el último clavo en el ataúd de una civilización al borde del exterminio.
A través de una fotografía la cual capta la inmensidad del campo, la soledad de los bosques y la poética locación del Templo de Huesos, DaCosta ostenta una mirada más convencional pero mucho más eficiente que la de Boyle en la entrega previa, y es capaz de entrelazar los dos frentes en uno solo y mostrar no sólo los estragos desatados por una devoción desmedida, sino rescatar ese aspecto sobre lo humano y cómo incluso en una escena post apocalíptica puede haber belleza, esperanza, o hasta un pequeño bastión de luz demostrando que, a pesar de la violencia desmedida, siempre podemos encontrar paz, un remedio y la absolución misma.
Con un final donde se obsequia una agradable sorpresa a los fans de la saga, Exterminio: El Templo de Huesos, es una entrega interesante que sirve como un puente entre ese pasado brutal, lleno de rabia y dolor del cual no estamos tan alejados en tiempo presente, y lo une a un punto en el donde no todo parece perdido, y simplemente nos deja en nuestras manos la elección sobre cual camino queremos tomar: la redención o la brutalidad.
Dirección: Nia DaCosta
Guión: Alex Garland
Con: Ralph Fiennes, Jack O'Conell, Alfie Williams, Erin Kellyman, Chi-Lewis Parry y Cillian Murphy
Fotografía: Sean Bobbitt
Edición: Jake Roberts
Música: Hildur Guðnadóttir
Compañía Productora: Columbia Pictures, DNA Films, Decibel Films, BFI y Sony Pictures
Distribuidor: Sony Pictures México
Fecha de estreno: Estados Unidos, 25 de diciembre de 2025; México, 15 de enero de 2026.
País: Reino Unido / Estados Unidos, 2026.
Duración: 109 minutos