Los mejores y peores filmes nacionales del 2025 acorde a la crítica especializada

2026

Por: Aurora Cuevas / Francisco Javier Quintanar Polanco 

Ahora toca el turno de conocer la selección de nuestros periodistas y críticos invitados en lo tocante al cine nacional. Como la lista denota, fue un año que trajo tanto obras muy poderosas y relevantes, como también algunas abominaciones. Aquí encontrarán vítores, reprobaciones, halagos, y uno que otro reclamo.

Rafael Aviña

Investigador y crítico cinematográfico. Columnista del diario La Jornada, y de la página web del Festival Internacional de Cine de Morelia. Programador y presentador de los ciclos de cine mexicano que se celebran los martes a las 18:00 horas en la Cineteca Nacional de Xoco.

PELÍCULAS MEXICANAS
La reserva (2024) de Pablo Pérez Lombardini.
Arillo de hombre muerto (2024) de Alejandro Gerber Bicecci.
Adiós amor (2025) de Indra Villaseñor Amador.
Dreams: Sueños (2025) de Michel Franco.
Amores perros (2000) de Alejandro González IñárrituEl callejón de los milagros (1994) de Jorge Fons (reestrenos)
 
Agradable sorpresa La reserva de Pablo Pérez Lombardini, relato en blanco y negro que abre con imágenes bellísimas de esa naturaleza en peligro permanente en éste notable thriller ecológico y ambientalista sobre una mujer guardabosques (espléndida Carolina Guzmán) que protege una reserva de la deforestación. Filme emotivo, sensible, con una soberbia banda sonora y actores no profesionales que mezcla a la perfección ficción y documental.
 
Alejandro Gerber Bicecci es uno de los cineastas más originales y alternativos de nuestro país; sus películas proponen una compleja estructura de la sociedad mexicana en su conjunto. Prueba de ello es la inquietante Arillo de hombre muerto protagonizada con eficacia por Adriana Paz y Noé Hernández. Filmada también en blanco y negro, se interna en las instituciones corruptas y burocráticas de justicia en México para darle un giro sensible e inteligente al tema de las desapariciones forzadas en México al tiempo que retrata una trama de pasión erótica y de misterio.
 
Un león que deambula por una carretera de Sinaloa surge como una suerte de metáfora del absurdo cotidiano de la violencia que se vive de manera común y corriente en México o como recuerdo de un amor perdido y las pulsiones del deseo homosexual en Adiós amor, el espléndido y sensitivo debut de la realizadora Indra Villaseñor.
 
Si existe un cineasta nacional cuya obra perturba y molesta, ese es Michel Franco, creador de relatos polémicos e incómodos en los que predominan las tramas protagonizadas por personajes de los sectores económicos más privilegiados del país o fuera de éste, envueltos en dramas de tensión sicológica y de seres enfrentados con sus deseos, frustraciones y temores más sombríos, tal y como sucede en Dreams: sueños, donde se sumerge en la cloaca de los defectos y complejidades de sistemas sociales del tercer y del primer mundo.
 
Cuatro años le llevó a Alejandro González Iñarritu concretar la instantánea cinta de culto nacional que marca un antes y un después con el nuevo milenio. Amores perros es una obra límite de una tensión notable que llega a las entrañas; una suerte de experiencia emocional absorbente. Por su parte, El callejón de los milagros de Jorge Fons sigue siendo un eficaz melodrama ambientado en el Centro Histórico y armado por varios episodios tragicómicos con los temas de moda de aquellos años noventa: ilegales, prostitutas, homosexualismo y más, de enorme eficacia narrativa, impecable factura y trascendencia en el cine mexicano de hace tres décadas al estilo de los filmes corales de Robert Altman.
 

Jonathan Eslui

Periodista, Crítico y RP especializado en cine

Instagram / X: @JonathanEslui

  1. Adiós amor (2025) de Indra Villaseñor Amador.

Conmovedora historia de amor y desamor LGBTQ+ que se desarrolla en el contexto del narcotráfico en México con un Sinaloa preciosamente fotografiado en el que los sueños se ven frustrados por la cruda realidad del entorno de la zona.

  1. Un cuento de pescadores (2024) de Edgar Nito.

Varias historias se entrelazan en este relato coral de terror que convierte eficazmente una leyenda mexicana en una delirante y perturbadora pieza de folk horror con niveles técnicos de primer nivel.

  1. Corina (2024) de Urzula Barba Hopfner.

Con una protagonista sumamente carismática y entrañable, la directora entrega una historia verdaderamente entretenida sobre afrontar y superar los miedos para poder cumplir sueños y disfrutar la vida al máximo.

  1. No nos moverán (2024) de Pierre Saint-Martin Castellanos.

La ganadora de este año a Mejor Ópera Prima -y otras tres categorías- en los Premios Ariel, es una maravillosa comedia negra con tintes de drama sobre afrontar una pérdida y el perdón tanto a uno mismo como a los demás para poder seguir adelante.

  1. El Diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) (2025) de Ernesto Martínez Bucio.

Con eficacia el director convierte lo que en apariencia es un drama familiar en un relato inclinado hacia el cine fantástico con elementos de terror, otorgando uno de los finales más sorprendentes del cine mexicano en 2025. Un guion perfectamente estructurado, una historia sencilla pero ingeniosa y actuaciones brillantes de parte de los niños protagonistas dan como resultado una película que vale mucho la pena ver.

 

Gerardo Gil Ballesteros

Ahora vamos con lo mejor de nuestro siempre cuidado y apreciado cine nacional a pesar de distribuidoras, alguno que otro RP y directores y estrellitas que poco les importa promocionar su trabajo ante el público. Pero eso sí, les gusta quejarse de los pocos espacios - en su dicho- de difusión.

Como dice el clásico, ustedes saben quienes son.

Lo mejor:

La libertad de Fierro (2024) de Santiago Esteinou.

Segunda mitad de un documental llamado Los años de Fierro, que se vio en festivales, lo mismo que La libertad…, pero que se estrenó en pantalla streaming, vaya usted a saber el porqué de la decisión, estamos ante un testimonio de redención a pesar de los pesares. Un hombre que pasa décadas encerrado en una prisión de Estados Unidos, de manera injusta y que regresa a su país, México , para encontrarse con lo desconocido: parientes que no lo recuerdan o lo tratan con indiferencia, el reto de la libertad y recuperar la dignidad que viene con esta. Lástima que su director, a pesar de que contribuyó y mucho a que César Fierro recupere su vida, decida ser un personaje central del relato documental  y sobre todo su poca disposición a promocionar el filme. 

Estoy todo lo iguana que se puede (2022) de Julián Robles.

Adaptación de una obra de teatro del dramaturgo Carlos Olmos, toma el título de una poesía de Carlos Pellicer, el filme destaca por momentos de una visión estética poética y sobre todo una acertada dirección de actores. La ruptura con uno mismo, el reto de evolucionar a pesar de lo doloroso que esto puede ser en medio de un recurso dramático acertado: un eclipse y el escenario de una playa. Es el tipo de filme que le pide al espectador un poco de compromiso, sin que lo excluya. 

Autos, mota y rocanrol (2025) de José Manuel Cravioto.

Cravioto, se ha convertido en una suerte de cronista del fracaso mexicano. En esta ocasión toma el Festival de Avándaro, para hacer una crónica picaresca- fresa, del desmadre mexicano, envuelto en un relato de falso documental, que a pesar de su banalidad, resulta entretenido y quizá por esto.

Corina (2024) de Urzula Barba Hopfner.

Personaje de tono fellinesco, ubicado en el interior de la República, en Guadalajara, la película se destaca y de hecho es su personaje principal, una chica ausente del mundo que a pesar de ella, tendrá que enfrentar tarde o temprano el mundo que con todo y todo la rodea. Es de tono también muy comercial, amable, pero tiene la ventaja de que se puede disfrutar si uno busca algo, así en esos términos, de propuesta y mero entretenimiento.

 

Alejandra Lomelí

Periodista y crítica cinematográfica. Escribo en Revista Cameo y Clímax en Medio. Votante Internacional Golden Globes y seleccionada Talent Campus del Festival Internacional de Cine de Guadalajara en 2013. Puedes seguirme en mis cuentas de Instagram @aura_aleja y @elcinequesoy, Facebook, TikTok y X donde publico recomendaciones, opiniones y entrevistas. Ocasionalmente, hago colaboraciones con el canal “Cinema Rex” y en el programa “Actuales, Clásicos y Engendros”. Profesora por asignatura en Observatorio Centro de Estudios Cinematográficos, Tijuana, Baja California. He sido editora, reportera y crítica de cine para diversos medios de comunicación especializados en cine y cultura. 

Las películas que elegí como las mejores del 2025 representan una pequeña selección de las propuestas que, desde mi punto de vista, definieron el año cinematográfico. Encontré que las obras que me impresionaron fueron aquellas que buscaron reinventar la narrativa mediante estructuras alejadas de las convenciones, desarrollando historias desafiantes sobre el trauma, el talento, los mitos y los dilemas existenciales. 

Sé que este ejercicio, impulsado por CineNT, nos invita también a reflexionar sobre las peores películas que llegaron a cartelera; sin embargo, en mi caso preferí centrarme únicamente en las mejores propuestas internacionales y nacionales. En un año en que enfrenté algunos contratiempos personales, fui particularmente selectiva con las películas que vi en salas de cine. Aun así, me sorprende haber reunido una lista de más de 20 títulos favoritos, de las cuales para este recuento seleccioné 3 largometrajes mexicanos. 

Antes de continuar, algunas aclaraciones: solamente consideré películas de 2025, por lo tanto, no hay ninguna del año 2024 estrenada en los últimos doce meses. También me gustaría remarcar que este es tan solo un pequeño corte del que será mi Top definitivo que publicaré en mis redes sociales. 

3 mejores películas mexicanas

Un cruce de caminos entre un sueño delirante de neón y la realidad polvorienta de las carreteras solitarias del país, donde los traileros trazan su propio microuniverso de leyes salvajes y masculinidades ambiguas. Pablos construye una pieza queer deslumbrante en la que disecciona la soledad, la violencia y las dinámicas de poder masculinas en un entorno tradicionalmente machista, confirmando su madurez y visión artística como director. 

Pérezcano alza la voz ante una de las realidades más duras del país –el matrimonio infantil forzado– con una obra que demuestra que es posible abordar estas temáticas desde una experiencia cinematográfica propositiva. A través de un relato episódico que conjuga tanto una singular historia de fantasmas con un viaje iniciático, la película destaca por su belleza visual, su profunda fotografía en blanco y negro y un drama de peso emocional expansivo, consolidándose como un gesto que es a la vez protesta y posicionamiento. 

La ópera prima de Hermosillo es un emotivo y tierno retrato generacional femenino que despliega un mosaico de sensibilidades, aspiraciones e interacciones de carácter autobiográficos. Adoptando el punto de vista de una niña de ocho años en medio de una crisis económica familiar, la película articula un relato de supervivencia que apuesta por la evocación emocional. Amable, cándida y deliberadamente ligera, Hermosillo construye una suerte de feel-good movie a la mexicana que, sin dejar de ser entrañable, funciona también como una idealización nostálgica de una época más inocente.

 

AJ Navarro

Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de UNITEC Campus Marina-Cuitláhuac. Colaborador y analista de cine y series en medios como Pólvora, CineNT, Cinema Anesma y SilverGeek. Tres veces votante internacional en los Globos de Oro. Miembro del Jurado en las ediciones XX y XXI del Festival Macabro, así como de la XI edición del Festival Feratum y la XVIII edición del Festival Internacional de Cortometrajes Shorts México.

Mención Honorífica: Depeche Mode M (2025) de Fernando Frías.

Antes de entrar de lleno a los “tops”, destaco este documental que bien podría formar parte del conteo en ambos. Y es que la mirada que Fernando Frías le da a esta presentación de Depeche Mode en nuestro país es única. Hablando de la muerte y la vida misma, de la tecnología y del mismísimo Memento Mori que deriva hacia el memento amori, este documental/concierto es una de las más gratas experiencias cinematográficas que alguna banda ha tenido y es gracias a la mirada particular de un cineasta mexicano.

Top 5 Cine Mexicano:

Autos, mota y rocanrol (2025) de José Manuel Cravioto.

Creado a modo de falso documental y, de alguna manera, secuela de lo que fue la irregular Olimpia, nos lleva al México de 1971 donde dos jóvenes amigos emprendedores están organizando un gran evento sin saber que terminarán por crear el concierto más importante de la historia del país: el mítico Festival de Avándaro. Con libertades creativas, buenos guiños, ingenio y algunas sátiras a personajes importantes de la escena en ese entonces, es la comedia mexicana del año. Disponible en Prime Video.

La reserva (2024) de Pablo Pérez Lombardini.

Centrándose en la historia de Julia, una guardabosques que descubre a un grupo de taladores ilegales deforestando la reserva que ella cuida sin saber que su vida se verá envuelta en un ciclo de violencia que pondrá en riesgo a toda la comunidad y a su familia misma. Resaltando la resiliencia y valentía de la protagonista, basándose en testimonios reales de defensores del medio ambiente, así como tocando el tema de la naturaleza misma y desplazamiento de los pueblos combinado con la inmensidad e importancia de mantenernos apegados a nuestras raíces y el medio ambiente, es un drama que deja mucho que pensar. Ahora en cines.

Déjame estar contigo (2025) de Isaac Cherem.

Lucía (Andrea Sutton Chávez) es una joven universitaria de 19 años con una enfermedad incurable cuya vida cambia al conocer a Bruno (Aksel Gómez), un joven de 18 años deportado de Estados Unidos a México sin conocer a nadie. Este choque de perspectivas en medio de la CDMX es capaz de crear un relato lleno de un espíritu de superación, reconstrucción y esperanza, donde el amor se convierte en la principal herramienta para salvarse mutuamente. Sorpresiva y emotiva, sin duda. Disponible en Vix.

Las Locuras (2025) de Rodrigo García.

Después del éxito de Familia, el cineasta vuelve a la producción con Netflix y crea un tremendo relato armado por pequeñas secciones donde la locura es puesta a prueba y vista desde diversas perspectivas. Con un ensamble envidiable y una dirección tremenda, García logra lo que posiblemente sea su mejor cinta hasta el momento. Grandes actuaciones de prácticamente todo el cast, destacando a Cassandra Ciangherotti, Fernanda Castillo, Ángeles Cruz y demás, esta historia de seis mujeres abraza la intensidad y la autenticidad de las emociones humanas cuando son llevadas al límite. Disponible en Netflix.

Casa chica (2025) de Lau Charles / Las voces del despeñadero (2025) de Víctor Rejón e Irving Serrano.

Recordando que los cortometrajes también forman parte de este séptimo arte, cerramos el top con dos representantes importantes este año. Uno, la catártica historia de Lau Charles, egresada del CCC, que en Casa chica inspecciona su propio pasado para abrirnos la puerta a ese trauma de los padres ausentes. Hermoso y doloroso corto que combina la inocencia de la juventud con la crudeza de la realidad y madurez. Ni qué decir del estupendo trabajo de Raúl Briones en el proyecto, que por sí solo vale la pena.

Por otra parte, Las voces del despeñadero es un cortometraje documental en blanco y negro que nos lleva a conocer unas figuras emblemáticas de nuestro país: los clavadistas de La Quebrada. Rejón y Serrano, también del CCC, nos muestran quiénes son los ejecutantes de estos lanzamientos de 45 metros que son celebrados por su proeza deportiva, resaltando un retrato íntimo que trasciende el espectáculo para asomarse al interior de quienes vuelan desde el gran acantilado de Acapulco en una experiencia casi espiritual.

 

Armando Navarro

Periodista, escribe sobre cine, arte y literatura. Colabora en Revista Purgante y es editor en Kinema Books.

X @armandoasis

En el camino (2025) de David Pablos.

Dos personajes quebrados emocionalmente deambulan en las carreteras del México violento. Si en verdad la ternura es el nuevo punk, el cuarto largometraje del cineasta tijuanense es un ejemplo preciso de esa idea. El amor y la esperanza pueden brotar en lugares insospechados. Atención a la fotografía de la gran Ximena Amann.

Autos, Mota y Rocanrol (2025) de José Manuel Cravioto.

Un falso documental anárquico, donde el caos resulta proporcional al embrollo que narra con nostalgia, uno de los eventos contraculturales más importantes en el país: Avándaro. La organización de unas carreras y un concierto donde todo sale mal, se termina convirtiendo en una experiencia vibrante, misma que lleva una crítica al gobierno conservador y a la prensa hipócrita de la época.

La noche eterna del Baby’O (2025) de Emilio Maillé.

Lo más relevante de este documental, es el privilegio de poder acceder al archivo histórico de Televisa, para reconstruir la memoria de la icónica discoteca enclavada en el puerto de Acapulco. Por medio de diferentes testimonios de célebres personajes, el espectador podrá pasear por el interior del recinto, acompañado de un soundtrack de primer nivel. El documentalista entrega este trabajo desde la nostalgia por un México que se fue para siempre, tomando como pretexto al templo hedonista para plasmar una metáfora sobre la resiliencia guerrerense, siempre firme ante la adversidad.

Mención especial:

Las muertas (México, 2025) de Luis Estrada.

Sí, ya sé que no es propiamente cine, sino una serie. Pero lo que hizo Luis Estrada fue amalgamar 6 mini películas en un serial que adapta a Jorge Ibargüengoitia de manera intensa y divertida. Las mejores virtudes de la famosa pentalogía del cineasta están presentes en esta historia de las hermanas Baladro, pero con una estética más radiante y un humor incisivo que no perdona a nadie. Grandes actuaciones de Mauricio Isaac y Arcelia Ramírez.

 

Francisco Javier Quintanar Polanco

Docente, locutor, crítico y periodista cinematográfico nacido en la Ciudad de México. Comunicólogo por parte de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. A lo largo de casi 30 años ha escrito sobre cine, música y cómics para diversos diarios, revistas, sitios web y programas radiofónicos tales como Tiempo Libre, Gatopardo, La Crónica de Hoy, La Razón, Indie-Rocks!, Generación, Tomatazos y La Moviola entre otros. Ha sido jurado para diversos festivales cinematográficos y eventos, tales como la MECyF; el Festival MACABRO, el Festival Pantalla de Cristal, el Festival FERATUM, Shorts México y el Mañana Film Fest. Actualmente es Coordinador Editorial en el portal CineNT, y colabora para Cinema Anesma, Revista Cameo y En Escena México. Desde el 2023, es integrante de los votantes de la prensa internacional para la asociación que anualmente elige a los nominados y ganadores de los premios Golden Globes.

Esta es mi selección personal de los que considero los cinco mejores filmes mexicanos que pude ver en el año que se fue. Desde luego hubo muchos más, pero por los lineamientos de este listado, me quedo con este puñado que les enumero en estricto orden alfabético: 

Corina (2024) de Urzula Barba Hopfner

Un afortunado debut que se centra en un personaje cuyas fobias y tragedias personales han moldeado su vida por años, y quien a raíz de un grave equívoco se ve en la necesidad de enfrentarlos, y al hacerlo su vida cambiará. El coraje personal, la empatía y sobre todo la lucha por los sueños personales, son el alma de esta comedia fresca y ligera en su tono, pero más profunda de lo que pueda parecer a simple vista.

Déjame estar contigo (2025) de Isaac Cherem

Entre la avalancha de comedias insulsas y olvidables que desfilaron tanto por la pantalla grande como por las plataformas digitales, el segundo largometraje de Cherem (Leona, 2018), logra elevarse por encima de ellos, al ofrecer un relato juvenil divertido, sensible y muy honesto. Y desde luego provisto de mucha inteligencia, algo de lo cual luego adolecen buena parte de nuestras producciones de enfoque comercial.

Depeche Mode: M (2025) de Fernando Frías

Lo que pudo ser un interesante pero rutinario registro de los recitales llevados a cabo por la afamada banda en nuestro país en 2023, en manos de Frías es transformado en un híbrido entre el documental/concierto, el cine ensayo y lo experimental, tomando un cariz más íntimo, melancólico y especulando con ciertas analogías entre la última producción en estudio de la banda, y la idiosincrasia mexicana en torno a la vida y la muerte.

La falla (2024) de Alana Simoes

Un trabajo observacional que parte de algo sencillo: el seguir por varios meses la labor de una maestra en la escuela de una comunidad rural y su interacción con sus alumnos. Lo que comienza a bosquejarse a partir de ello, retrata muchas de las realidades del lugar y de nuestro país en general: el bullying, la violencia emanada del crimen organizado... pero también de la importancia de la educación como herramienta de sensibilización y reconstrucción del tejido social.

La reserva (2024) de Pablo Pérez Lombardini

El machismo; la tala ilegal y la gradual destrucción del medio ambiente; la presencia y el control que diversos grupos criminales ejercen en los poblados... todo esto visto a través de los ojos de una guardabosques cuya vida comienza a desmoronarse, siendo incapaz de poder hacer algo para evitarlo. Su impotencia y desesperación es el fiel reflejo de la que muchos experimentan frente a las terribles realidades que nos acosan y de las cuales no parecen haber una forma de solucionarlas ni de escapar de ellas.

Menciones especiales: Autos, mota y rocanrol (2025) de José Manuel CraviotoHilando Sones (2023) de Ismael Vásquez BernabéLluvia (2023) de Rodrigo García Saiz y No nos moverán (2024) de Pierre Saint-Martin Castellanos.

 

Elías Leonardo Salazar

Periodista, crítico y director de Cinéfilos en apuros.

Mi selección opta por ser diversa con el propósito de ampliar el interés y la conversación sobre esos títulos. Por ejemplo, la inclusión del cine documental, un género que tiende a ignorarse en los recuentos anuales. Asimismo, en cuanto al cine mexicano, combinar el cine comercial con el independiente para visibilizar esa oferta nacional ante la audiencia como evidencia de que sí hay opciones y sí se hace un cine distinto al que un amplio sector de la población cree que se hace. 

Las 5 mejores mexicanas y un plus

Un techo sin cielo (2025) de Diego Hernández.

Contrario a las fórmulas comerciales y de corte académico que se observan en varias películas nacionales, el realizador tijuanense elige una ruta propia que no se atiene a los parámetros impositivos de lo que está bien y lo que está mal. Ha encontrado un estilo, algo muy difícil de lograr. Lo hace, además, con una historia honesta y sensible sobre una figura que a muchos les cuesta abordar, el padre. La película es una apertura al duelo que el propio cineasta vive en torno a la pérdida de su progenitor; Diego descubre y redescubre en esta ficción que había encapsulado el proceso de luto por la muerte de su papá.

La eterna adolescente (2025) de Eduardo Esquivel.

Hay obras que utilizan el espacio como relleno o excusa para que los personajes recorran el cuadro sin transmitir nada de su alrededor. Aquí nos encontramos con la importancia de la espacialidad como detonante narrativo para la puesta en escena de una familia que intenta salvar de una crisis a una de sus integrantes y que va compartiéndonos los conflictos y los afectos que se registran al interior de un hogar. El espacio encuentra un gran aliado en Bruno Santamaría, fotógrafo cuya sensibilidad empata perfectamente con la del propio director para trazar un relato humano y conmovedor sin prejuicios de por medio.

Itu Ninu (2023) de Itandehui Jansen.

Cine artesanal en todo su esplendor. ¡Y de ciencia ficción! Es un notable ejemplo de que lo fundamental es aprovechar la nobleza de los recursos utilizados. Conocer el lenguaje cinematográfico, tener un guion sólido y honestidad en lo que se cuenta son herramientas que, al ser muy bien empleadas, pueden llevar a la creación de películas como esta. En un mundo esclavizado por el trabajo y el silencio, la comunicación epistolar y la preservación del amor son resistencia y esperanza.

Depeche Mode M: Memento Mori (2025) de Fernando Frías.

Si hay un director mexicano que sabe imprimirle un sello al entretenimiento, ese es J.M. Cravioto. Claro, también tiene sus tropiezos, pero es tan inteligente que ha aprendido de ellos y aquí lo demuestra. Quizá estaba probando, jugando en eso que concebimos como malas películas, pues en este trabajo se deja ir con todo, sin miedo. Su temeridad es afortunada, redituable. La recreación que hace del legendario festival de Avándaro tiene en el uso de la cámara y la edición a dos compinches de gran hechura que le entregan al espectador una obra entretenida con otras aristas cinematográficas dignas de reconocimiento.

Goodbye Horses: Las muchas vidas de Q Lazzarus (2025) de Eva Aridjis.

Como periodista (mis colegas ya me dirán si no) se vive día a día con el anhelo de encontrar una historia fascinante para contar. Abrazamos el deseo del encuentro fortuito, de la casualidad. Pero, ¿qué pasa cuando eso sucede? ¿Cómo contaríamos esa historia? ¿Qué haríamos con ella? Eva Aridjis no es periodista, sino cineasta. Ella nos brinda una respuesta mediante un trabajo cinematográfico de corte documental con relación a una de las celebridades musicales que tocó el cielo en la década de los noventa y desapareció rápidamente de los reflectores. Eva tuvo la dicha de encontrarla y de contarnos qué fue lo que pasó a través de una línea narrativa que se sostiene en cederle el protagonismo a su personaje principal; se sale del “ombliguismo” y del egocentrismo que pueden tener otros realizadores de documental. 

Y una de más…

Lepes (2025) de Rayell Guangorena.

El plus es esta película juarense de un joven realizador de Ciudad Juárez que ejemplifica lo que se puede hacer con la comunidad y cómo crear con identidad local. Compitió en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF) y se ganó el cariño de la prensa. Contextualizada en los noventa, sin esquivar temas espinosos de esa entidad, la historia apunta hacia un público infantil y juvenil con un niño que se enamora de su maestra. Este chamaco encuentra refugio y amistad en una funeraria con un embalsamador debido a que su mamá trabaja todo el día. Es una obra acerca de esa Ciudad Juárez que no se nos muestra en las noticias y que desconocemos, una ciudad cuyos habitantes también son solidarios y se protegen entre sí.

Las 5 peores mexicanas 

Borrón y vida nueva (2025) de Chava Cartas.

No hay nada más desilusionante que ver una película que transmite el confort de su director, conocido por hacer cine comercial inclinado a la comedia. Su filmografía es irregular. De picos notables que puede alcanzar con títulos como Sobreviviendo mis XV desciende a trabajos como este que incluyo en el listado. La fusión de comedia con melodrama es desequilibrada, el guion no se sostiene en sus distintos subtemas, el ritmo es dispar y las elecciones del reparto (como Carolina Miranda) hacen poco o nada creíble lo que se ve en pantalla. Cartas se fue a la segura de un trabajo sin riesgos, sin exigencias y con toda la textura de haberlo confeccionado para cumplir el compromiso.

Mamá reinventada (2025) de Bonnie Cartas y Joaquín Russek.

Otra comedia más que al final recurre a los vicios de muchas más con las cuales es imposible sentir afinidad y tener identificación, porque los personajes transitan entre círculos sociales y rincones que no coinciden con los de un grueso de la población a la que supuestamente representan. 

Loco por ella (2025) de Rodrigo Nava.

Más allá de la romantización que se hace sobre la salud mental, tratada de manera burda (si bien es una comedia, no se le da la seriedad debida al tema), la película mantiene la tendencia de títulos comerciales cuyos personajes o núcleos tienen la vida económica resuelta para costear sus necesidades y urgencias. Simple y sencillamente no es una historia que pertenezca al país que habitamos. Eso sin mencionar la idílica profesión del periodismo que se plantea con uno de los protagonistas.

Nuestros tiempos (2025) de Chava Cartas.

Pareciera que es una consigna contra el director, pero no es así. Reitero, adjudico más al confort que a otra cosa los resultados finales de sus trabajos en este 2025. Si bien es cierto que aquí debe ceñirse a la directriz de películas para plataforma (es una producción de Netflix), desperdiciando para sí mismo su experiencia y oficio, además de desaprovechar una premisa propicia para la creatividad, Cartas se decanta por la practicidad sin riesgo que por intentar algo. Aunado a ello, la actuación de Benny Ibarra tampoco contribuye a la causa. 

Mirreyes vs. Godínez: Las Vegas (2025) de Chava Cartas.

Lo que más lamento de esta entrega que busca exprimir una naranja ya exprimida es ver a una actriz como Diana Bovio siendo reiterativa en este tipo de comedias y entretenimiento. Puede continuar haciéndolo, ya domina este terreno, pero también podría ampliarse a otras propuestas, porque es poseedora de un rango actoral muy interesante de explorar en otros tenores. Es una de las mejores en la generación actual. 

 

Clara Sánchez

Es editora de Psiquecine / Filmarte y colabora en ULSA Radio. También trabaja como catedrática de la materia de Apreciación Cinematográfica en la Universidad La Salle y de los seminarios de Cine y psicoanálisis en la Academia de Cinéfilos. 

  1. Los amantes se despiden con la mirada (2025) de Rigoberto Pérezcano.

¿Por qué verla? Es una sorpendente cinta filmada con un impecable blanco y negro que muestra el impacto de los matrimonios arreglados que aun siguen llevándose a cabo en el país. La historia sigue los usos y costumbres en una comunidad en Oaxaca en la que Elida, una joven de 16 años, debe casarse con un hombre mayor en contra de su voluntad. En paralelo, Olivo sigue las enseñanzas de su padre quien lo educó para ser un hombre responsable y comprometido con su familia. Reconocida con el Premio CINE+PLUS en la sección de proyectos en desarrollo por su primer corte, la belleza estética del filme reposa en la impecable fotografía mientras que la emocional radica en la intimidad y la complicidad con la que se erige el derecho al amor como sentido de vida.

  1. En el camino (2025) de David Pablos.

¿Por qué verla? Pablos expone sin tapujos el mundo de los camioneros en México a través de los ojos de Veneno, un joven que viaja de aventones paradójicamente huyendo de su destino e intentando forjar un nuevo camino. Durante su tránsito se exhibe abiertamente la homosexualidad, el narcotráfico y la ausencia paterna como factores determinantes para la fragilidad de los personajes. Ganadora del premio Horizontes del Festival de Cine de Venecia, es una película desgarradora que pone el dedo en la llaga de la orfandad emocional que recae en un número considerable de jóvenes homosexuales materializada en la necesidad de Veneno de encontrar un sustituto paterno que pueda reconocerlo, mirarlo y valorarlo. 

  1. Soy Frankelda (2025) de Arturo Ambriz y Rodolfo Ambriz.

¿Por qué verla? Es una minuciosa animación de stop motion que cuenta la historia de  Francisca Imelda Straffon Paredes, una heroica escritora del siglo XIX que busca, en su natal pueblo de Real del Monte, un editor que publique sus cuentos de terror. Ante la negativa, Frankelda viaja a su subconsciente y ahí conoce al Príncipe de los Sustos, Herneval, quien busca a alguien que pueda contar historias que alimente su reino de pesadillas. Asesorada por Guillermo del Toro, cuestiona la necesidad de creer en los sueños, enfatiza la confianza de la protagonista en sí misma y el empoderamiento femenino mediante una puesta en escena mágica y seductora desde el primer cuadro.

  1. Olmo (2025) de Fernando Eimbcke.

¿Por qué verla? Por la excelente actuación de Gustavo Sánchez Parra quien da vida a Nestor, un hombre discapacitado por la esclerosis múltiple el cual intenta mantener su rol de padre de familia frente a sus hijos. La cinta plantea la compleja lucha de Olmo y Ana sorteando los retos de la adolescencia al tiempo que se viven anclados ante la necesidad de cuidar a Nestor. Eimbcke, ganador del Premio del Jurado en el Festival de Cine de Deauville, plantea una historia íntima sobre el autodescubrimiento, la compasión y el amor, cuyo eje está en la validación paterna: Olmo, para crecer, necesita el reconocimiento de papá, éste a su vez para aceptar su condición  requiere humildad para dejarse ayudar. La construcción narrativa, contada mediante anécdotas cotidianas, espejea también el cansancio emocional de Cecilia, la madre de Olmo mientras que la tensión dramática está matizada por  la genuina e inolvidable participación de Miguel, el mejor amigo de Olmo.  

  1. El Diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) (2025) de Ernesto Martínez Bucio.

¿Por qué verla? Por la minuciosidad con la que se explora el impacto de los trastornos mentales en la tercera edad desde la mirada más frágil: la de la infancia. La frescura de la actuación de los nóveles actores, quienes interpretan a los cinco hermanos que fueron abandonados repentinamente por sus padres y quedan al cuidado de Romana, su abuela esquizofrénica con brotes paranoicos, le permitió a Martínez Bucio ser reconocido con el Premio a Mejor Ópera Prima en el Festival Internacional de Cine de Berlín. La película cuenta además con dos puntos medulares: el primero, reflejar el abandono emocional, el segundo hacer visible la forma como se presentan los desórdenes mentales sin caer en dramatismos ni estereotipos denotando lo complejo que resulta para los niños distinguir entre la realidad y las alucinaciones. Sin duda una cinta profundamente necesaria en un contexto como el nuestro en el que 3 de cada 10 personas padecen algún trastorno mental.

 

Araceli Tario

Neuropsicóloga y apasionada del cine. En 2012 crea Cinematario Reviews, un espacio independiente dedicado a la divulgación y el análisis fílmico nacional e internacional. Nació como un blog de reseñas escritas, el cual en 2016 evolucionó hacia el formato de video. Con más de 100 artículos publicados y un canal de YouTube que supera los 250 videos, Cinematario Reviews ofrece cada semana una mirada analítica a través de entrevistas, coberturas, conversatorios y un enfoque especial en el cine alternativo.

En el caso del top nacional se incluyen películas cuya producción se realizó en su mayor parte o en su totalidad en México.

Hilando Sones (2023) de Ismael Vásquez Bernabé.

En su debut, Vásquez Bernabé realiza una poesía visual que invita a valorar el poder de las tradiciones de su comunidad (el hilado y los sones) con las lenguas indígenas (en este caso el amuzgo) para su identidad pero que tristemente se están perdiendo con el tiempo. La fotografía y la edición son cautivantes además de contar con una canción bellísima llamada "Mi universo" (interpretada en lengua amuzga) que hacen una experiencia emotiva que no solo acerca al mundo a esta comunidad sino al espectador a re-valorar que las costumbres no son simple folclor, sino la base para nuestra identidad existencial.

El último viaje (2024) de Rodolfo Santa María Troncoso.

Un documental confrontativo y a la vez iluminador donde se da a conocer el trabajo del Dr. Federico Rebolledo, tanatólogo quien dedicó la mayor parte de su carrera en tratar a pacientes terminales y guiarlos a una muerte digna; sin embargo, esto se complejiza cuando él mismo, se convierte en paciente al ser diagnosticado con cáncer terminal, descubriendo en su propia vivencia lo agridulce de sus propuestas. Un documental incómodamente necesario pero muy sensible y empático para público que tanto haya tenido una experiencia similar como para concientizar a quienes no, dando a conocer la alternativa en México de la Ley de Voluntad Anticipada.

Brigada 2045 (2025) de Olivia Luengas Magaña.

Un acercamiento y homenaje a la labor de las brigadas de bomberos de Jalisco, México que atendieron los incendios forestales suscitados en años recientes, mostrando su dedicación y profesionalismo a través de un registro cinematográfico en campo con una la edición, fotografía y sonido impecables e impresionantes por la magnitud y cercanía de la dirección sin dejar de lado la relevancia de la implicación del daño ambiental y vida urbana a estos sucesos.

Olmo (2025) de Fernando Eimbcke.

Una ficción ordinariamente maravillosa donde la ternura o ingenuidad juvenil característica de Eimbcke, viene a recordar que se puede hacer un relato entrañable y noble donde mezcle drama cotidiano con elementos fantásticos para comprender o asimilar situaciones trágicas familiares de mejor manera, en este caso a través de Olmo y su familia cuyas vidas se modificar al tener que cuidar del padre que quedó tetrapléjico  generando cambios e incomodidades en su dinámica. Una historia que destaca en los valores humanos del amor y protección.

Autos, mota y rocanrol (2025) de José Manuel Cravioto.

Un falso documental acerca de la travesía de los organizadores del concierto de Avándaro en México en 1971. Cravioto demuestra su maestría para combinar lo creativo y lo divertido al mismo tiempo que exuda mucho amor en la creación cinematográfica que se reflejan en el diseño de producción y de arte, el vestuario, la edición y la música con material de archivo (nunca antes visto y restaurado) que reflejan el homenaje a este acontecimiento tan emblemático en la historia cultural del país - particularmente la musical - y su repercusión social.

 

José Antonio Valdés Peña

2025: UN AÑO DE CINE

 TOP 5 DEL CINE MEXICANO

No nos moverán (2024) de Pierre Saint-Martin.

Nadie sabe del dolor que experimenta aquel a quien un ser querido le fue arrebatado de forma violenta. En el caso de la protagonista de este filme, interpretada magistralmente por Luisa Huertas, la desaparición de su hermano durante los sucesos violentos de 1968 la persigue como un fantasma. Ante la oportunidad de castigar a los culpables, pone en riesgo su vida entera para conseguirlo en una odisea tragicómica con la cual el director evita apasionarse con las implicaciones políticas e históricas del tema para retratar desde una perspectiva crítica e irónica cómo el trauma histórico mantiene abierta una herida compartida por una nación entera.

Crónicas del otro norte (2024) de Miguel León.

En un territorio extremo, entre lo onírico y lo real, entre el documental, la ficción y el ensayo poético visual, este filme surge de varios sueños enredados donde los anhelos y las pesadillas conviven. Aunque todo tiene una raíz realista: dichos sueños se recopilaron en una carpa montada por un extranjero en distintas plazas de Chihuahua para que el ciudadano de a pie los compartiera con una cámara. De las entrañas de la llamada “Cabina de los Sueños” a la pantalla grande, este filme es una fascinante propuesta de un cine mexicano empecinado en expandir sus horizontes más allá de las exigencias de la producción industrial.

Las mutaciones (México, 2024) de Jorge Ramírez Suárez.

Un exitoso abogado pierde la posibilidad de hablar tras una emergencia médica. Los profundos cambios que el protagonista de este filme experimenta hacia el mundo que conocía y en sus relaciones con sus seres más cercanos son la esencia de esta intensa reflexión sobre las complejidades de la comunicación y la postura de la familia ante alguien que ahora resulta desconocido, filmado con un intimismo casi insoportable. Finalmente, la vida misma está en constante mutación.

Después ( 2024) de Sofía Gómez-Córdova.

De nueva cuenta lo más trascendental del cine mexicano viene de estudios de personajes que confrontan encrucijadas existenciales, mismas que los encaminan a la trascendencia espiritual. Es el caso de este filme en el cual su protagonista, la madre de un joven enamorado de la música, quien vive una doble tragedia: primero perderlo en un accidente y después darse cuenta de que en realidad ambos eran desconocidos para el otro. El resultado es un duelo doloroso y aleccionador a la vez, filmado con notable intimismo y respeto hacia la odisea emocional de la protagonista, encarnada sobriamente por una Ludwika Paleta en plena madurez artística.

La falla (2024) de Alana Simoes.

Este documental retrata la lucha diaria de una docente, Celeste, maestra de primaria en una escuela ubicada en los Altos de Jalisco. Además de integrarse a una comunidad que desconoce, su labor educativa sigue un plan de estudios pero se extiende a comprender la realidad de niños marcados por la violencia del crimen organizado. El filme se vuelve un retrato invaluable de un México dolorosamente reconocible y de unas infancias que enfrentan, junto con su maestra, un futuro incierto.

Mario Valencia

Director, fotógrafo y escritor. Colabora en el sitio web Pólvora con entrevistas y coberturas. Coordinador de programación del Festival Macabro y fotógrafo para Cultura UNAM, Animasivo y FICUNAM.

Cinco favoritas mexicanas

Depeche Mode M: Memento Mori (2025) de Fernando Frías.

El mensaje del documental es conciso: entre el simbolismo de la muerte, la forma de traspasar generaciones a través de la música y su influencia en la cultura popular mexicana, Depeche Mode es parte de nuestro folclor. México en general mantiene relaciones con artistas que terminan convertidas en culto y Fernando Frías entiende este fenómeno dentro de su propio y constante análisis sobre las raíces de una comunidad. Para mí, la experiencia más estimulante que viví en salas este año.

El diablo en el camino (2025) de Carlos Armella.

La ópera prima nacional más importante del año. Carlos Armella es un entendido de las atmósferas rulfianas en el retrato de un hombre que más allá de cargar el peso de su hijo muerto, lleva en la espalda a un país devastado por la guerra y las crisis que nos mantienen, hasta la fecha, divididos como sociedad. El final es apabullante, un cierre que no se toca el corazón ante el desgaste de su atormentado protagonista.

No dejes a los niños solos (2025) de Emilio Portes.

La nueva era de oro del terror también se vive en México y Portes lo sabe. De nueva cuenta, ese espíritu guerrillero latinoamericano se hace presente en el género fantástico: una extensa secuencia paralela en dos locaciones que se unen en uno de los clímax más extremos del cine de horror mexicano. Muchos guiños a los clásicos ochenteros, particularmente a Poltergeist: Juegos diabólicos, pero jamás sin sobreexplotar esa nostalgia (aprendan, gringos).

Ana Serradilla: por caridad, ya deja las comedias románticas, eres una increíble scream queen.

Corina de Urzula Barba Hopfner.

El 2025 arrancó con una de las películas más encantadoras que haya visto; un placer que haya sido un título mexicano. Una conmovedora obra sobre la agorafobia de su protagonista y los sueños que le han construido un refugio sin percatarse del gran futuro y potencial que tiene. La aventura para enmendar un error fluye de manera natural gracias al elemento más importante que debemos compartir como humanidad: la empatía.

No nos moverán (2024) de Pierre Saint-Martin.

¡Vaya! ¡Hasta que veo atrevimiento para retratar uno de los momentos más oscuros de nuestro país desde una perspectiva que no cae en total tragedia! ¿Humor negro en una investigación relacionada a la Matanza del ‘68? Sí a todo. Luisa Huertas sigue sellando estos años de su carrera con personajes memorables y como esta abogada obsesiva de justicia lo hace brutal. Puntos extra por la estupenda banda sonora cortesía del maestro Alex Otaola.

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