El derecho a no encajar, y la resistencia al mandato del bienestar
La angustia es el vértigo de la libertad
S∅ren Kierkegaard, 1844
Cinco años después de obtener el Óscar a Mejor Cortometraje de Animación por Harvie Krumpet (2003), el guionista, director y animador independiente Adam Elliot se aventuró a llevar su sello de clayography a gran formato para entregarnos su primer largometraje: Mary y Max (2009).
Como suele ocurrir con las producciones independientes que carecen de grandes presupuestos en mercadotecnia, la película tuvo una exhibición comercial acotada en su momento. Hoy, a 17 años de su lanzamiento —y catapultada por el reciente éxito de Memorias de un caracol (2024)—, Mary y Max hace su merecido debut formal en salas de cine mexicanas.
Más allá de la maestría artesanal en stop-motion, el trabajo de Elliot destaca por sus guiones: historias íntimas, desprovistas de artificios, que logran calar hondo en el inconsciente colectivo. Estos suelen conectar de inmediato con nuestras vivencias, nuestra identidad y el tejido de la sociedad actual; con ese dilema ontológico que Heidegger definía como el Dasein (el estar-en-el-mundo). Sus "biografías en plastilina" ficcionadas comparten un núcleo común: la experiencia humana en su estado más puro e imperfecto. Mary y Max nos presenta una ficción profundamente familiar, de esas que todos sentimos haber vivido alguna vez.
La premisa detonante es entrañable: Mary, una niña solitaria e inquieta, decide escribir una carta a un desconocido elegido al azar en el directorio telefónico de Nueva York, mientras su madre la arrastra fuera de la oficina postal en Australia. Ese gesto fortuito transformará la vida de ambos para siempre.
La película contrapone dos universos visuales y emocionales: el de Mary, bañado en ocres y marrones melancólicos como un atardecer que se apaga; y el de Max, en un Nueva York plano, monocromático y abrumador. Es la representación gráfica del aislamiento urbano: esa paradoja de sentirse completamente solo en medio de una multitud indiferente.
En medio de esta distancia física y emocional florece una amistad epistolar de dos décadas entre una niña de 8 años, en un entorno familiar roto, y un hombre de 44 años en el espectro autista. A través de este intercambio, la cinta nos recuerda que las amistades verdaderas no surgen por inercia; se construyen, se sostienen y, sobre todo, salvan vidas.
Esta dinámica dialoga directamente con la crítica del psicoanalista y filósofo Slavoj Žižek (2003), sobre el mandato moderno del bienestar. En la cultura contemporánea, la exigencia social ya no es «cumple con tu deber», sino «¡sé feliz, goza y realízate!». La paradoja radica en que pocas cosas generan más ansiedad y culpa que la imposición de estar bien en todo momento. Mary y Max nos abraza desde la imperfección y el derecho a no encajar.
No se pierdan la oportunidad de vivir esta experiencia estética y humana en la pantalla grande.
Mary y Max
(Mary & Max)
Aquí puedes ver el tráiler, tanto el original como el doblado.
Sinopsis oficial: Una historia de amistad entre dos personas totalmente distintas: Mary una pequeña y solitaria niña de ocho años, que vive en los suburbios de Melbourne, Australia, y Max, un hombre de cuarenta y cuatro años, también solitario, que vive en Nueva York, Estados Unidos.
Dirección: Adam Elliot
Guión: Adam Elliot
Con voces originales de: Toni Collette, Philip Seymour Hoffman, Eric Bana, Barry Humphries
Fotografía: Gerald Thompson
Edición: Bill Murphy
Música: Dale Cornelius
Compañía Productora: Melodrama Pictures
Distribuidor: Cine Caníbal
Fecha de estreno: 9 de abril de 2009 (Australia), 23 de septiembre de 2026 (México)
País: Australia, 2009.
Duración: 92 min.
