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el-dirigible“Nunca en ningún país el cine nació tantas veces”[1], señalan Manuel Martínez y Guillermo Zapiola al enumerar los diferentes títulos que desde 1923 se anunciaron como “la primer película uruguaya”. Esto “lleva a la sospecha de que los cineastas emergentes nunca habían visto cine de su país o bien que ese cine moría después de cada película y había que empezar de nuevo”, concluyen.

Así fue anunciada El dirigible de Pablo Dotta en el Festival de Cannes de 1994. Film que en su estreno generó confusión e incomprensión. Hoy, 18 años después, el sentimiento es el mismo y se recuerda el irónico graffiti  “Yo entendí El dirigible”.

Es una ficción con tintes de documental, a través de la que Dotta busca poner en cuestión la identidad de su país. Cuenta con una destacada fotografía y un montaje no lineal que le da dinamismo. Pero, que por querer abarcar varios temas y usar varios símbolos peca de intelectualidad y genera desconcierto.

En un primer plano se comprende que una periodista francesa (Laura Schneider) afirma haber registrado una entrevista a Juan Carlos Onetti anunciando su retorno a Uruguay luego de 15 años de su exilio en Madrid. En busca de un traductor conoce al personaje interpretado por Marcelo Buquet, quien intenta ayudarla a encontrar el grabador que supuestamente le robaron y contenía dicha entrevista. Es así que ambos terminan envueltos en un asunto policial.  

Pero hay un segundo plano cargado de símbolos, metáforas, referencias a acontecimientos históricos y figuras emblemáticas de la cultura uruguaya, que si no son del conocimiento del espectador se pierde de gran parte del sentido de la película. A través de determinados escenarios y fotografías se busca construir una identidad, recrear el pasado y poner en cuestión la falta de algo tan subjetivo como la memoria visual del país por la falta de imágenes.

A este segundo plano pertenecen el nombre de la película; el paso del Graf Zeppelin por Montevideo; el suicidio de Baltasar Brum en protesta al golpe de estado de Terra; la entrevista a Onetti; la lectura de fragmentos de El pozo; la inauguración del Palacio Salvo; lugares como la rambla, el Puerto de Montevideo y el Parque Rodó. La estética de la película también habla del Uruguay de Dotta. A través de los vidrios del taxi en el que pasea la francesa, la ciudad se ve vacía, borrosa y gris, en un invierno nublado y lluvioso.

¿Qué imágenes faltan? Las que busca y pone en cuestionamiento la francesa: las de la muerte de Brum, expresidente de Uruguay que se suicidó el 31 de marzo de 1933 estando rodeado de fotógrafos que no registraron el momento. Como esta fotografía, imagen en blanco con un gran signo de interrogación, la película genera muchas preguntas a través de fotogramas que no se perdieron sino que no existen. Es así que El dirigible genera expectativa e intriga en torno a una historia que sugiere y no pretende responderlo todo, que mezcla ficción con realidad, que parece faltarle fragmentos. Por eso invita a ser vista por segunda vez, a adquirir nuevos conocimientos, a pensar en el pasado, imaginarlo y buscar en él.


[1] MARTÍNEZ, Manuel. ZAPIOLA, Guillermo. La historia no oficial del cine uruguayo. Montevideo: Cinemateca. En: http://www.cinemateca.org.uy/PDF/La%20historia%20no%20oficial%20del%20cine%20uruguayo.pdf

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