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En el filme “No me ames” de Lluis Miñarro (visto en la edición 2019 del Festival Internacional de Cine de la Unam), Salomé es ahora una militar en una base militar, estilizada y teatral, en un desierto mexicano que se siente enclaustrado, dentro y fuera de los cuarteles en los que se desarrolla la imposibilidad de un triángulo amoroso, impactado por la presencia de un profeta que señala la corrupción de los que conservan ley, orden y tradiciones.

Es muy dificil tomar tomar una serie de referencias tan asombrosas como icónicas en el cine y teatro de raigambre gay para explicar en imágenes actuales la fascinación de una mujer empoderada por un místico (situación que ya había dado para la clásica adaptación del mito de Salomé por parte de Oscar Wilde) tan solo equiparable a la obsesión que siente hacia ella su padrastro, un comandante (que en la actuación de Merli, retoma y neurotiza en varios grados la sobria interpretación del militar reprimido de closet interpretado por Marlon Brando en la hustoniana “Reflejos de tus ojos dorados”), vuelto loco por una esposa Herodías, moderna y alcohólica (interpretada paródicamente a lo Elizabeth Taylor como el personaje de Martha en “¿Quién le teme a Virginia Woolf?” por Lola Dueñas).

Situado en terreno resbaladizo, Miñarro sitúa la presencia viriloide de los militares homosexualoides vigilando a un religioso en páramos, remitiéndonos también a “El Evangelio De Las Maravillas”, de Arturo Ripstein. Pero si teníamos alguna duda de estar con el director español en los terrenos del autor mexicano y su guionista Paz Alicia Garciadiego (con quien, recordemos, ha adaptado vario clásico literario a tierras nacionales, desde “Medea” hasta “Madame Bovary”), esta se disipa en la secuencia final del bar, en un ya emblemático Salón Marrakech de la Ciudad de México, travestido de bar a lo “Principio y Fin” con espectáculo trans de “El lugar sin límites, ahora desinhibido hasta el shock, ya posmoderno transfílico. Lo que es más difícil es ser tan efectivo como el mejor Ripstein: abandonar la tragedia para asumirse en melodrama cotidiano de escenarios despojados bordeando el kitsch, cambiar constantemente de tonos, llevar en planos secuencia las situaciones -y las actuaciones- al borde siempre del masoquismo y lo sensacional, el uso del lenguaje churrigueresco compuesto de neologismos mexicanista, entre otras cosas. Para superar la impronta del mexicano, hay un alejamiento idiosincrático que impide el espesor y el ardor de sangre que exigen las situaciones planteadas por el famoso dramático Sergi Belbel en su adaptación. Lo que en teoría se propone sulfuroso, en la práctica se siente como un perfume distante que debería conmover y no sólo atraer recuerdos de mejores tiempos ante una pantalla o escenario. A veces la copia se trasciende a sí misma (como en el caso del mejor Almodóvar) y a veces la adaptación (de la mitología y sus visiones filmoliterarias) cubre la personalidad de un nuevo realizador, cuyo trabajo, en este caso, no llega a ser tan estimulante como en su opera prima, “Stella Cadente”, vista en México hace unos cuantos años.

No Me Ames

Director: Luis Miñarro

https://vimeo.com/307241203 

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