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Javier KraheEl domingo 12 de julio del 2015 en México nos despertamos con la noticia de que el Chapo Guzmán se había fugado de nuevo de una cárcel de alta seguridad mexicana, el escándalo mediático fue impresionante, quizá por ello, la noticia de la muerte de un cantautor español pasó casi desapercibida, sin contar de que en nuestro país sólo un puñado de personas lo conocían y que quizá la mitad de ellos saben más de un par de canciones de él.

Javier Krahe tenía 71 años cuando la muerte fue por él y se lo llevará antes que el Alzheimer decidiera anidarse en él y hacerle la maldad de hacerle olvidar todo lo que no quería olvidar. No que padeciera la enfermedad sino que con tanto que la mencionaba y se burlaba de ella que era capaz de atacarlo. Y el anuncio de su partida lo tenía que hacer otro ícono español, Pablo Carbonell, cantante de Los Toreros Muertos.

Conocí la música de Krahe gracias a otro gran músico, Joaquín Sabina, con quien cantaba el tema “Cuervo Ingenuo” en su disco en vivo. La canción era una dura crítica a la postura del Partido Obrero que al llegar al poder había olvidado todo lo que se supone buscaba frenar. Al poco tiempo conseguí en cassette La Mandragora donde Sabina y Krahe se unían a Alberto Perez.

La Mandragora abre con dos grandes temas de Javier, quizá junto a “Cuervo Ingenuo” lo más representativo del estilo cínico y corrosivo del autor: “Marieta” y “Un burdo rumor”, las cuales desafiaban la censura española y se burlaban de situaciones que la moral española sin duda recibía con infarto. En la primera vemos los intentos desaforados de un hombre para conquistar a una escurridiza e interesada buena dama; en la segunda somos testigos de cómo un hombre decide defender su hombría ante una mujer que lo acusa de tener pequeñeces.

El descubrir su discografía es el entrar a la mente de uno de los seres más irónicos uno puede conocer, para la historia quedarán temas como “El Tío Marcial” o “Villatripas”, y a pesar de que en “… y todo es vanidad” nos dice no habrá esquelas ni dolientes a su muerte, lo cierto es que los habemos.

Sirva esta pequeña esquela para que le dejemos la palabra a Javier y nos cante “Los Siete Pecados Capitales”:

Si me toca cantar cuando los cisnes,

si se acaba esta eterna juventud,

si la Flaca me aparta del show business,

cerrad también el pico al cerrarme el ataúd.

No digáis "se nos fue el mejor de todos",

"malogróse el cumplido cantautor",

"era bueno y tenía suaves modos",

"sentado esté a la diestra de Dios Nuestro Señor".

Mi conducta, señoras y señores,

no es perfecta, dicho sea inter nos si palmara en la fe de mis mayores

seguramente no le agradaría verme a Dios.

De los siete pecados capitales

me manejo como un artista en tres,

no hay violetas en mis juegos florales,

soberbia que se precie, o es soberbia o no lo es.

Porque más que tender a vanidoso

soy proclive al desplante de Luzbel

y si Dios, de por Sí, ya es quisquilloso,

figúrate tú el facha del arcángel San Gabriel.

Me pregunto qué tiene la pereza

para ser un pecado capital,

mas lo es y a mí, por naturaleza,

me aburre la hormiguita y la abejita y el panal.

A pesar de que un vago muy notorio

llegó a santo patrón de mi lugar,

yo tendría que hacerme el purgatorio

y eso es poner el alma de nuevo a trabajar.

Si la ira, la gula o la avaricia

son peccata minuta para mí,

de la envidia no tengo ni noticia

parece un poco raro, pero es cierto, y es así.

Aún sin ser desbocada mi lujuria,

uno, en fin, se limita a la mujer,

al obseso del papa y a la curia

les jode enormemente cuánto a mí me da placer.

Y me excluyen de sus "ego te absolvo"

y me excluyen de su Jerusalén,

cuando rinda por fin mi último polvo

tendré que decir "¡mierda!" donde hay que decir "amén".

Y tendré que buscarme alternativas

en la nada o en la reencarnación,

ambas dos, aún con cosas negativas

sin tanto ser supremo allí en perpetua exhibición.

No digáis "se nos fue el mejor de todos",

"malogróse el cumplido cantautor",

"era bueno y tenía suaves modos",

"sentado esté a la diestra de Dios Nuestro Señor".

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