Críticas
Proyecto Fin del Mundo, una memorable épica de ciencia ficción
La ciencia ficción nos confronta con nuestros dilemas como humanidad, pero también nos señala caminos posibles. En la década de los 50 (y derivado de la segunda oleada de terror rojo en contra del comunismo), Hollywood había usado ese recurso narrativo para temerle a los “alienígenas” quienes venían a conquistarnos o destruirnos.
Fue en la década de los 60 que el género viró hacia otra vertiente en la cual, gracias a un grupo de exploradores de diferentes razas, edades y hasta especies, decidió valientemente ir a donde nadie ha ido jamás en Viaje a las Estrellas (Star Trek) de Gene Rodenberry. Tras la carrera espacial y el aterrizaje (o no) en la Luna, muchas obras centraron su mirada en una población saturada de comerciales y obsesionada con la inmediatez, en la que los robots y androides nos superan gracias a su inteligencia superior.
La Cabra que cambió el Juego, o los pequeños siempre sueñan en grande

Si hay cintas inspiradoras en cualquier sentido, éstas son las deportivas. Ya sean de fútbol (soccer o americano), basquetbol o beisbol, siempre hay historias que representen el sueño imposible alcanzado por un individuo quien tenía todas las de perder (Rudy, Anspaugh, 1993) o de algún equipo el cual da vuelta a los infortunios para convertirse en ganadores (Duelo de Titanes, Yakin, 2000) e incluso algunos donde se demuestra que triunfar no es sinónimo de ser el mejor en todo (Campeones, Fesser, 2018).
A ellas se suma ahora una animación de Tyree Dillihay titulada La cabra que cambió el juego - GOAT, producida nada menos que por el jugador de la NBA Stephen Curry, y ligeramente basada en sus propias experiencias cuando pasó de ser un rival subestimado a convertirse en el mejor tirador a distancia de la liga de basquetbol. Su protagonista es Will Cabrera, una cabra con un toque especial para el Rugibol, una extraña mezcla entre baloncesto y rugby, quien sueña con llegar a las grandes ligas y demostrar su valía.
No te olvidaré, otro drama lleno de melcocha olvidable
La adaptación de novelas al cine no solo es algo muy cotidiano, sino incluso, a lo largo de la historia del séptimo arte; han existido escritores cuya obra ha dejado profunda huella, como Stephen King y sus relatos dramáticos y de terror, Dan Brown con su arte y conspiraciones… pero también están aquellos románticos empedernidos que han creado narraciones cuyo fin es sacarle las lágrimas a sus lectores. Y a veces, al pasar a la pantalla grande, terminan siendo melodramas, llenos de melcocha en exceso y bastante olvidables.
Tal es el caso de Nicholas Sparks a través de películas como Querido John (Hallstrom, 2010), Diario de una pasión (Cassavetes, 2004) o El viaje más largo (Mandoki, 2015). Y ahora, la autora de moda de los corazones rotos y los dramas de telenovela es Colleen Hoover quien, con No te olvidaré, suma otro título a su colección de adaptaciones que, a pesar de su ya probada fórmula lacrimógena, no resulta tan mala.
El guardián: último refugio. Entretenimiento de fórmula genérica
A principios de febrero, en la cartelera se pudo ver el filme de drama y aventuras postapocalípticas El día del fin del mundo: Migración (Greenland 2: Migration), dirigido por el cineasta estadounidense Ric Roman Waugh. Ahora, este último regresa a pantallas nacionales con otro trabajo, donde el estelar es nada menos que el actor británico Jason Statham.
En El guardián: último refugio (o Shelter en su título original), Statham encarna a Mason, un callado y solitario hombre quien funge como guardafaros en una remota isla escocesa, donde vive únicamente acompañado por un perro al cual ni siquiera se ha molestado en ponerle nombre. Las únicas visitas que recibe son las de un conocido suyo y de Jessie (Bodhi Rae Breathnach) sobrina de este último, quienes le llevan víveres ocasionalmente.
Rebeladas: De "festivales domésticos" a la toma de la cámara
Un pequeño grupo de mujeres llega al extinto Departamento del Distrito Federal a solicitar un permiso para realizar una serie de eventos en la vía pública. Son atendidas por un señor entrado en años, quien les hace preguntas de rutina sobre sus actividades para terminar otorgándoles el permiso, convencido de que solo van a hacer un "festival doméstico".
Pobre hombre; nunca se imaginó que estaba firmando la autorización para que alrededor de 20 mujeres salieran por primera vez a las calles a exigir aborto seguro para todas.










