Críticas
El corazón de la bestia. La redención de un perro de guerra
El realizador estadounidense David Ayer ha cimentado buena parte de su carrera en el cine de acción, mostrando oficio pero también obteniendo resultados mixtos en obras como Último turno (End of Watch, 2012) Corazones de hierro (Fury, 2014); Escuadrón Suicida (Suicide Squad, 2016); Bright (2017); Beekeeper: Sentencia de muerte (The Beekeeper, 2024) o Rescate Implacable (A Working Man, 2025)
Pero con su más reciente trabajo, El corazón de la bestia (Heart of the Beast, 2026) el cineasta se sale de la fórmula (aunque no tanto del género) para ofrecernos un relato más inclinado al drama el cual busca conmover. Y para lograrlo, se apoya en un coprotagonista canino.
La delgada línea entre la denuncia y la banalización
La más reciente obra del director ruso Kirill Serebrennikov invita a conocer y recorrer los últimos años de una de las figuras más siniestras de la historia moderna del siglo XX. También conocido como “El Ángel de la Muerte”, Josef Mengele, doctor en medicina y antropología forense, fue uno de los responsables de decidir el destino de las personas llevadas a los campos de concentración en la Alemania nazi. Ubicado específicamente en Auschwitz, Mengele decidía en las rampas de los trenes si las personas que descendían de los vagones eran aptas para los trabajos forzosos o enviadas directo a las cámaras de gas.
Mengele, además, dedicó gran parte de su vida en aquella etapa a la “investigación” de la raza aria. Para él eran sorprendentes las “anomalías” —personas con alguna discapacidad o malformaciones congénitas, hermanas y hermanos gemelos o siameses, entre otros rasgos—, así como la genética en general, por lo que realizó experimentos indescriptibles con esta población, poniendo especial énfasis en las niñas y niños que llegaban a este lugar.
Mary y Max: El refugio de los incomprendidos
El derecho a no encajar, y la resistencia al mandato del bienestar
La angustia es el vértigo de la libertad
S∅ren Kierkegaard, 1844
Cinco años después de obtener el Óscar a Mejor Cortometraje de Animación por Harvie Krumpet (2003), el guionista, director y animador independiente Adam Elliot se aventuró a llevar su sello de clayography a gran formato para entregarnos su primer largometraje: Mary y Max (2009).
Como suele ocurrir con las producciones independientes que carecen de grandes presupuestos en mercadotecnia, la película tuvo una exhibición comercial acotada en su momento. Hoy, a 17 años de su lanzamiento —y catapultada por el reciente éxito de Memorias de un caracol (2024)—, Mary y Max hace su merecido debut formal en salas de cine mexicanas.
Resident Evil: Noche Cero, una nueva exploración para una terrorífica franquicia

La versión cinematográfica de la franquicia Resident Evil ha tenido altibajos al paso de los años. Desde el debraye alocado estelarizado por Milla Jovovich que comenzó en el 2002, pasando por las cuatro entregas animadas bastante dignas. Ahora le llega el turno a Zach Cregger (La Hora de la Desaparición, Bárbaro) de entrarle a este universo con una historia completamente nueva -la cual el propio cineasta se refiere como una reinvención de la franquicia-, donde nos sitúa justo en la noche en que el brote infeccioso estalló.
A cualquier precio
En el Mississippi de finales de los años 60, con los conflictos sociales y la lucha por los derechos civiles de la comunidad afroamericana -así como su derecho al voto- en juego, un ataque del Ku Kux Klan que culminó con la vida de Vernon Dahmer (próspero comerciante y defensor de los derechos civiles de su comunidad) puso en evidencia la incapacidad de las fuerzas del orden para resolver este crimen por medios convencionales, por lo que fue necesario abordarlo con un método alternativo: Greg Scarpa, un sicario de la mafia neoyorquina que ha colaborado con las autoridades en secreto para resolver crímenes de odio en dicha región y con métodos poco convencionales. En esta ocasión, Scarpa es asistido por el altamente profesional agente especial del FBI, Wayne Strider.










