“Perderse para encontrarse”.
Es la frase que da la bienvenida a esta especie de exposición-ritual cuya suma sacerdotisa es Leonora Carrington, una de las grandes exponentes del surrealismo, artista, mística, feminista y ecologista, una mujer que no llego tarde a la historia, sino que delineo los albores de la modernidad.
México es tierra sagrada, lugar de dioses, hijos del maíz y rituales paganos que forman parte del cotidiano, no es de sorprenderse que haya sido uno de los lugares que concentró a buena parte de los creadores o descubridores del realismo mágico en la literatura, y, el surrealismo en la pintura y escultura, por ello es el lugar que Leonora eligió para engendrar su magia.
No me equivoco al hablar de descubrimientos más que de creación del surrealismo, la magia existe, forma parte de la vida, sólo que hay gente despierta y gente que no quiere ver, los que están conectados con el cosmos son canalizadores, un puente que comunica lo invisible con lo visible y este puente tiene un punto de partida: el conocimiento de uno mismo.
La vida misma es un laberinto, el recorrido de este laberinto es ir viviendo.


Por Mauricio Rangel Jiménez
Por: José Antonio Valdés Peña
En “El moderno Sherlock Holmes” (Sherlock Jr., 1924), Buster Keaton nos ofrece una de las gemas de su ingenio creativo. Empleado en un cinematógrafo como proyeccionista, donde se exhibe la película “Corazones y perlas o El amor perdido de Lounge Lizard. En cinco partes” (Hearts & Pearls or The Lounge Lizard´s Lost Love. In Five Parts) Keaton lee, no precisamente durante su descanso -así lo sugiere la basura de la sala, que se acumula sin barrer-, un libro titulado “Cómo ser detective”. Está enamorado de la chica (Kathryn McGuire), pero tiene un rival, "el jeque local" (Ward Crane), que lo acusa falsamente de haber robado el reloj del padre de ella. Entristecido por su suerte, se queda dormido en el trabajo y atraviesa la pantalla hacia la película que se exhibe en el cine (misma que ahora aparece en el sueño), mientras la realidad cinematográfica intenta expulsarlo, haciéndolo cambiar de escenarios (un jardín amurallado, una calle transitada, un paisaje montañoso, una arboleda con un par de leones, un desierto donde pasa un tren, una roca que sobresale del mar agitado, un paisaje nevado y, finalmente, el mismo jardín del principio), como un elemento extraño a vencer, durante el período de adaptación a su lógica interna. Una vez que lo ha logrado, y metamorfoseado en Sherlock Jr. el rival continúa atosigándolo, intentando matarlo con diversas trampas, con ayuda del mayordomo cómplice. Pero su pericia como detective -y como billarista extraordinario que era- por fin, resuelve no sólo el misterio de un collar robado en la película, sino que logra quedarse con la chica, cuando logra despertar. 

