Críticas
"Presencia" una entrañable cinta sobre los lazos nos unen
Si hay un director capaz de reinventarse, reimaginarse, atreverse a cambiar de dirección y probar algo es sin duda Steven Soderbergh quien desde su primera cinta, la aún extraordinaria “Sexo, Mentiras y Video” (Sex, Lies, and Videotape, 1989) ha apostado por jugar con la narrativa y con el uso de tecnología de la época para crear atmósferas e historias donde el factor humano siempre esta presente, así sean sus comedias, sus dramas, sus cintas de acción y, en esta ocasión, con “Presencia” (Presence) una historia de fantasmas, la cual nunca llega a ser de terror pero si se instala en lo sobrenatural para reflexionar sobre la condición humana.
La familia Payne se ha mudado a su nueva casa, desde su llegada la hija siente que hay una presencia en ella que de alguna manera busca conectar con ella, lo que la lleva a pensar es una de sus amigas recién fallecida. Al paso de los días la presencia comienza a darse a notar mientras las tensiones entre los miembros de la familia van creciendo, llevando todo al punto de no retorno.
“Saturday Night” la lucha por perseguir un sueño de anarquía
El 11 de octubre de 1975 saldría al aire la primera emisión de “NBC's Saturday Night”, un programa que se convertiría en semillero de talento y cuya creatividad le hace llegar este año a su 50 aniversario, momento en que Jason Reitman realiza una cinta sobre la caótica noche que dio inicio a la leyenda, creando una cinta que no sólo nos lleva a los entretelones de esa primera noche, sino que se convierte en una lección de perseguir sueños y no dejarse derrotar.
Faltan 90 minutos para que el programa “Saturday Night” salga al aire y todo parece estar en contra, el creador aún no tiene claro lo que desea para el programa, tiene más actos que tiempo para transmitir, su equipo está en rebeldía, tiene problemas con los técnicos de la cadena, tiene a los jefes respirando sobre su cuello, todo parece encaminarse al desastre. Pero a veces esos caminos llevan a la gloria.
¡Que Huevos, Sofia! Un desastre absoluto
El cine mexicano que busca al público que quiere sólo divertirse tiene el deshonor de casi siempre caer en pésimas fórmulas desarrolladas de manera torpe y rudimentaria, lo que hace los trabajos se conviertan en una tortura brutal para el espectador normal, siendo celebrada sólo por aquellos que se emocionan con cosas tan básicas como “La Casa de los Famosos” o los programas de espectáculos nacionales, como es el caso que parece será la cinta “¡Qué huevos, Sofía!”, uno de los trabajos más aberrantes de los que me ha tocado ver recientemente.
Sofia trabaja en una empresa dedicada a la venta de pasteles, cuando su esperado ascenso es negado para favorecer a un familiar de los dueños, enloquece y deja todo, convenciendo a sus mejores amigos de montar su propia empresa, lo cual logran con un préstamo de alguien dedicado a negocios no muy claros. Cuando les llega la oportunidad de vender a nivel internacional, ella deberá aprender a lidiar con todo y triunfar a pesar de los engaños.
“No Other Land” la destrucción como limpieza étnica
Los habitantes de Masafer Yatta (Mosfaret Yatta) en Cisjordania han sido testigos de la paulatina limpieza étnica que Israel realiza contra los asentamientos palestinos de la zona, destruyendo sus hogares, expulsándoles de la zona, desapareciéndoles del mapa sin que las instancias internacionales hagan algo al respecto. Testigo de esa destrucción es Basel Adra, quien armado de su cámara de video o su celular, ha ido documentando los hechos, dejando un testimonio doloroso y que, con el apoyo de Yuval Abraham, Rachel Szor y Hamdan Ballal, ha realizado el documental “No Other Land”, candidato al Oscar en su categoría.
La cinta no pierde tiempo en dejar clara su postura y en señalar los excesos cometidos por el ejército israelí, mostrando desde sus primeras imágenes la forma en que las casas son destruidas ya que, para impedir sus asentamientos, las autoridades han declarado el lugar como zona de entrenamiento militar, destruyendo todo a su paso con el afán de expulsar a los palestinos de sus zonas.
“El Mono” divertimento sangriento y pasajero
Adaptar una historia de Stephen King al cine es un arma de riesgos infinitos, su horda de fans espera que se le lleve fielmente en pantalla pero las posibilidades de que se logre un producto, ya no digamos bueno sino medianamente decente, muchas veces son muy pocas, por lo que cuando llegan películas como “El Mono” (The Monkey) se reciben con placer, no sólo por lograr atrapar la esencia de la historia sino por llevarle a otros caminos.
De niños los gemelos Shelburn descubren que su desaparecido padre les ha dejado en el closet un mono mecanico que al sonar su batería causa muerte en la gente cercana a ellos, por lo que se deshacen de él. Años después, una serie de muertes curiosas azota la región, lo que hace sospechar el juguete a regresado para seguir su ruta destructora.










