En 1997, el director y productor peruano Luis Llosa (El Especialista, 1994), lanzaba una película de bajo presupuesto, estelarizada por actores quienes apenas comenzaban sus carreras, al lado de uno que otro más experimentado. Su título fue Anaconda, donde Jennifer Lopez, Ice Cube y hasta Jon Voight se enfrentaban a dicha serpiente del Amazonas cuando un pequeño equipo de documentalistas intentaba capturar la vida de un pueblo originario de la zona. Sin ser algo memorable, la cinta se convirtió en un clásico de culto que incluso generó una franquicia bastante mediocre pero que de tan absurda y de pena ajena, resultaba divertida.
Irónicamente 18 años después, en plena crisis de creatividad hollywoodense, el filme de Llosa es la base no sólo de una sátira tan descabellada como la saga de cuatro películas de la cual deriva, sino como un ejercicio consciente acerca de lo desgastada que está la industria, la cual recurre frecuentemente a historias llevadas previamente a la pantalla sin importar la calidad de las mismas, para rehacerlas o reciclarlas con diferentes fines de lucro. Y eso da pie a la sorprendentemente entretenida Anaconda.
Tom Gormican, quien ya había coqueteado con la metaficción cinematográfica al lado de Nicolas Cage en la alocada y excesiva comedia El Peso del Talento (2022), vuelve a las andadas ahora echando mano de una dupla con mucha química para generar risas, Paul Rudd (Griff) y Jack Black (Doug), dando vida a un par de viejos soñadores que alguna vez quisieron dedicarse a hacer cine (uno como actor y el otro como director), los cuales se han perdido en el camino de la vida adulta…hasta que la crisis de mediana edad los empuja a retomar sus metas, al decidir hacer una nueva versión de Anaconda.
Siendo ese su impulso principal, se unen a otro par de viejos amigos (Steve Zahn y Thandie Newton), y el cuarteto decide crear su película de forma independiente y con cero presupuesto, viajando a la selva brasileña para materializar su visión de la mejor forma. Pero la cosa se complica cuando, por azares del destino y problemas inesperados, todos experimentarán la cinta que están haciendo en carne propia ante el acecho de una enorme y feroz boa, que busca todo menos ser una estrella de cine.
Black saca ventaja de su experiencia previa en cintas que coquetean con la metaficción de la creación cinematográfica, mezclándolo con la pasión al séptimo arte y las virtudes de producirlo con lo que se tiene a la mano. En ese sentido, este largometraje de Gormican se siente como una extraña mezcla entre Una Guerra de Película (Tropic Thunder, Stiller, 2008) y Originalmente Pirata (Be Kind Rewind, Gondry, 2008), aunque sin ser tan mordaz o inteligente como ellas.
Sin embargo, el cineasta junto al coguionista Kevin Etten, logra grandes momentos en donde la comedia sobresale con todo y sus excesos. Hay bromas bien pensadas que se burlan descaradamente de las productoras de cine, de su voracidad y de su poca creatividad. Ni qué decir de los chistes sobre las actuaciones, los derechos de autor y todo lo que tiene que ver con esos pecados que la industria de Hollywood ha cometido una y otra vez, mostrados sin tapujos de forma exagerada.
Incluso, Gormican se da el lujo de poner algunos ligeros guiños a la saga misma así como unos cameos sorpresa que le dan puntos extra a este relato cuyo pecado es su tremenda simpleza y sinsentido. Pero que enarbola un bello reconocimiento a la pasión por hacer cine, a quienes luchan por hacer realidad su visión artística, a todos los que van en contra de las grandes producciones para completar una historia, por ridícula o potente que esta pueda ser, recordándonos casos como los del misterioso Tommy Wiseau y The Room o de algunos cineastas independientes como Ryan Coogler, quienes han creado universos y relatos sólidos desde cero.
Claro está que el humor es muy al estilo de la dupla protagonista, algo que puede ser todo un reto para aquellos que no toleran el humor físico o torpe de Black, que al menos con esta serpiente luce mejor que en la terrible adaptación de videojuego llamada Una película de Minecraft (Hess, 2025). En Anaconda, Rudd, Zahn y Newton mantienen un ensamble que se reparte los momentos jocosos, pero sin duda es la grata presencia del brasileño Selton Mello la que le brinda un plus al loco y delirante escenario de esta versión.
Los efectos especiales no son excesivos pero si son dignos de una cinta de serie b, dejando de lado el horrible animatrónico de la primera cinta para recordar más la estética plástica y falsa de las secuelas en una anaconda tan enorme que bien podría enfrentarse a un kaiju de medio tamaño. En contraparte, la música ayuda a ponerle ese toque casi ridículo al tomar como base el sampleo de Baby Got Back de Sir Mix-a-Lot, mismo que es usado para una canción homónima de Nicky Minaj con una clara connotación sexual.
Es esa combinación de factores lo que hace de Anaconda un chiste de metacine eficiente, el cual ofrece un sorpresivo entretenimiento disfrazado de cinta de acción o terror, a pesar de que no tiene sentido alguno. Lleno de conveniencias narrativas y más, el gran chiste de esta serpiente desatada por Gormican es que le concede cierto honor a la franquicia que reimagina, y que "amenaza" con tomar un nuevo aire en este mundo lleno de secuelas innecesarias donde, con todo y sus detalles, se aplaude que sea entretenida al abrazar por completo el absurdo exagerado de su premisa.
Dirección: Tom Gormican.
Guión: Tom Gormican y Kevin Etten, basado en Anaconda de Hans Bauer, Jim Cash y Jack Epps Jr.
Con: Paul Rudd, Jack Black, Steve Zahn, Thandiwe Newton y Daniela Melchior.
Fotografía: Nigel Bluck.
Edición: Craig Alpert y Gregory Plotkin.
Música: David Fleming.
Compañía Productora: Columbia Pictures y Fully Formed Entertainment.
Distribuidor: Sony Pictures México
Fecha de estreno: Estados Unidos, 25 de diciembre de 2025; México, 25 de diciembre de 2025.
País: Estados Unidos, 2025.
Duración: 99 minutos


