Del dogma a la realidad: el decálogo de Krzysztof Kieslowski

En el marco de la Semana de Cine Polaco en la Cineteca Nacional se llevó a cabo un homenaje al cineasta Krzysztof Kieslowski a diez años de su fallecimiento. El programa incluyó un repaso por la etapa creativa del director en su natal Polonia, antes de alcanzar la fama internacional con la trilogía de los colores, conformada por Tres colores: Azul (1993), Tres colores: Blanco y Tres colores: Rojo (ambas de 1994). Pero sin duda la pieza más apreciada del conjunto es la exhibición en pantalla grande de El Decálogo (1988), su magna obra en la cual se encuentran plasmadas las principales características temáticas, narrativas y estéticas que definen su universo fílmico.

La génesis del proyecto es el encuentro entre un realizador y un abogado a principios de 1985. Kieslowski estaba interesado en llevar al cine algunos de los juicios importantes que se llevaron a cabo durante los primeros años de la inhumana Ley Marcial impuesta en Polonia por el general Jaruzelski en 1981. Le recomendaron encontrarse con Krzysztof Piesiewicz, abogado de profesión y aficionado tanto al cine como a la escritura. La reunión no sólo fue el inicio de una gran amistad; también sentó las bases para un largometraje de Kieslowski: Sin fin (1985), la historia de un fantasma quien persigue a su viuda con la finalidad de encontrar la justicia la cual los tribunales le negaron en vida. Pieza mortuoria en donde los muertos claman por una prueba de humanidad en tiempos oscuros, inició la colaboración literaria entre los dos Krzysztof desde 1985 hasta 1996, año en que Kieslowski falleció.

A la trilogía de los colores siguió otro tríptico fílmico, Cielo, Purgatorio e Infierno, filmadas por autores de la talla de Tom Tykwer, entre otros. La justicia, la ética, la moral y en cómo nuestros destinos se conectan con los demás se convirtieron en la esencia de su colaboración. Las múltiples variables de una existencia fueron el tema de su siguiente cinta, El azar (1987), en la cual su joven protagonista sube a un tren en tres variables de su existencia, llevándolo de la plenitud a la tragedia, todo ello enmarcado por la grisura de esos años duros vividos por Polonia.  

Poco después, Piesiewicz encontró una obra del siglo XV en la cual los mandamientos de la ley de Dios, según el catolicismo, se representaban en imágenes artísticas. Sugirió a Kieslowski una serie de filmes en los que se pudiera retratar cómo el dogma escrito en piedra se confronta con la complejidad de la condición humana y su circunstancia. Kieslowski aprobó la idea y fue en la televisión polaca donde El Decálogo encontró su cuna; es importante mencionar que aunque producidos en forma de serie televisiva, los episodios fueron concebidos con una calidad cinematográfica en todos sus términos. Compuesta por diez episodios, casi todos de una hora de duración, escritos por los Krzysztof, dirigidos por Kieslowski (la idea original de contar con un director diferente por episodio fue desechada por la televisora) y con la participación de actores y creativos con quienes el cineasta había colaborado desde su salida de la Escuela de Cine de Lodz, tanto en sus cortometrajes de producción estatal como en sus largometrajes previos, tal es el caso de La cicatriz (1977) o El aficionado (1979). Todos los episodios tienen personajes distintos, aunque de pronto en los diálogos o ciertas acciones se entiende que se conocen entre sí. Algo posible, porque todas las tramas se desarrollan en un inmenso multifamiliar ubicado en Varsovia, lleno de espacios comunes en donde los destinos se entrecruzan de forma momentánea. Estéticamente, salvo en los episodios No matarás y No fornicarás, la propuesta de Kieslowski juega con la grisura del Realismo socialista, estética obligada del régimen comunista y abraza el minimalismo formal, remitiéndose casi siempre a interiores oscuros no solo por los decorados sino por los tiempos en los cuales viven los protagonistas. 

Kieslowski y Piesiewicz van mucho más allá de la idea misma de cada uno de los Mandamientos. Filmados bajo la pesada sombra de un régimen autoritario el cual enfrenta al mismo tiempo su ocaso, los episodios presentan a hombres y mujeres cuyas decisiones morales contradicen dichas leyes una y otra vez, demostrando la poca aplicación práctica de la palabra divina en el mundo real. La idea de vivir en una sociedad sin fe, solamente cimentada en un pensamiento científico que exige todas las evidencias posibles, se convierte en el primer episodio, correspondiente al mandamiento Amarás a Dios sobre todas las cosas, en el relato de un hombre racional cuyos cálculos matemáticos no impiden una tragedia innombrable. No tomarás el nombre de Dios en vano narra el drama de una mujer, embarazada de su amante, quien espera la muerte de su marido enfermo para poder seguir con su vida. Santificarás las fiestas reúne a una pareja de amantes en una Nochebuena para revelar entre ambos los estragos de una soledad inmensa. Honrarás a tu padre y a tu madre es un episodio transgresor al plantear el camino que tomarán los destinos de un hombre y su hija al saberse no parientes entre sí, con la libertad de expresar las verdaderas emociones entre ellos. 

No robarás se convierte en la dramática sustracción de una menor a manos de su propia madre, legalmente impedida para estar con ella. No desearás a la mujer de tu prójimo retrata a un hombre impotente y los celos destructivos desarrollados hacia su esposa. No levantarás falsos testimonios enfrenta a una mujer con las consecuencias que tuvo siempre decir la verdad en la vida de otras personas. No codiciarás los bienes ajenos, correspondiente al décimo y último de los mandamientos, es el único filmado en tono de comedia, presentando a dos ambiciosos hermanos cuya torpeza los lleva a perder lo anhelado.

La claridad en el planteamiento de los dilemas morales de los protagonistas de El Decálogo y la voluntad de Kieslowski por abrir cuestionamientos sin resolución por su parte resultan provocativas para el espectador. Tampoco hay un juicio moral hacia sus decisiones, no hay una noción simplista del Bien y el Mal; todos ellos son dolorosamente humanos, contradictorios, imperfectos. Deben afrontar sus triunfos o fracasos como parte de la experiencia humana. Lo abundante allí es la ironía, la paradoja, el absurdo que para Kieslowski significa vivir bajo dogmas inflexibles. Dios nos ordena no mentir, pero en el marco del holocausto judío y la persecución nazi, una mentira bien pudo salvar algunas vidas. O bien, el descubrir que la persona amada no tiene la misma sangre abre una puerta para la transición del amor paterno al amor carnal. Sin olvidar al hombre racional incapaz de encontrar consuelo en la ciencia tras una dolorosa tragedia para la cual la fe podría brindar alivio.

Dos de los episodios merecieron una extensión cinematográfica. Su exhibición mundial fue una extraordinaria carta de presentación para Kieslowski y su universo fílmico. No matarás, exhibida en su versión de largometraje como Breve película sobre un asesinato, reúne mediante una compleja estructura narrativa de contrapunto a tres personajes que no tardará en encontrarse: un joven ocioso quien recorre las calles de Varsovia haciendo maldades, un texista gruñón y un abogado recién egresado de la universidad. El joven asesina al taxista y es condenado a muerte. Quedará en manos del abogado su destino. Pocos filmes tienen el pesimismo feroz de este trabajo. Filmada mediante filtros entre el ámbar y el verde, además de mascarillas oscuras las cuales fragmentan el cuadro, la cinta retrata un mundo sin ley y sin alma en donde se pasa del asesinato a sangre fría a la pena capital, otro asesinato, pero con fundamentos legales. La negrura moral y existencial de este episodio tuvo una cierta continuidad en el que corresponde al sexto mandamiento, No fornicarás. Exhibida en su versión extendida como Breve película sobre el amor, la historia se centra en un joven empleado de correos quien experimenta su educación sentimental a manos de la sensual vecina a la cual espía desde su ventana con un catalejo. Kieslowski confronta mediante ambos personajes la derrota del amor romántico ante la sexualidad libre de una mujer que no sigue las convenciones morales del patriarcado. Una derrota cuya culminación es la destrucción de un personaje idealista ante la dura realidad.

Vino después para Kieslowski La doble vida de Verónica, su primera coproducción internacional, y la fama mundial con la Trilogía de los Colores. Fueron nuevas reflexiones sobre el destino, el azar, el misticismo detrás de la forma en la cual todos estamos conectados, o bien, las formas en que los conceptos detrás de los colores de la bandera francesa se aplicaban en una Europa cuya geopolítica cambiaba tras la caída del régimen comunista. Reconocidas mundialmente y producidas con gran lujo, es importante saber que tienen como obra hermana a este proyecto monumental sobre la relación del hombre con su fe más profunda. Por su claridad, su maestría audiovisual y su capacidad de conmover hasta las piedras, El Decálogo es el pináculo de un artista apasionado por la condición humana reflejada a través del ojo privilegiado del cine.

TELEVISIÓN

Del dogma a la realidad: el decálogo de Krzysztof Kieslowski

arrow_forward

Futuro Desierto habla sobre el impacto de la IA en nuestras vidas: Caro Darman

arrow_forward

Los Hermanos Duffer dicen adiós a Stranger Things

arrow_forward