Críticas
13 Horas: Los soldados secretos de Bengasi. Horas perdidas en el cine.
Michael Bay tiene diversos intentos hechos para intentar convencer a la crítica y el público de que puede hacer cine serio, lejos de las épicas cintas de acción que han caracterizado su trabajo. Entre esos esfuerzos contamos Pearl Harbor (2001) La Isla (The Island 2005) y Pain and Gain (2013), las cuales carecen de la emoción de sus otras películas menos pretenciosas. Ahora toca el turno a 13 Horas: Los soldados secretos de Bengasi (13 Hours: The Secret Soldiers of Benghazi) que es simplemente la peor de todas.
En la noche del 11 de septiembre de 2012, en el aniversario 11 de los ataques del 11 de septiembre, un grupo de militantes islamistas atacan el complejo diplomático estadounidense y un anexo cercano de la CIA en Bengasi, Libia. Los únicos que podían hacerles frente fueron un grupo de 6 ex Navy SEALs quienes tuvieron la peor noche de su vida.
Dioses de Egipto, un buen proyecto con un resultado fallido
Una historia que daba para una épica, romántica y entretenida película queda en un intento fallido y es clara muestra que Alex Proyas ha perdido el toque cuando tenemos en pantalla un grupo de actores con líneas risibles que intentan hacer funcionar chistes de pastelazo mientras todos logran, increíblemente, actuaciones malas.
En películas de este estilo donde es claro que lo que más debe de lucir son los efectos especiales, las chicas bárbaramente bellas y las exageradas, pero muy entretenidas peleas (aquellas por las que no se necesita más razón de la de poner en peligro a los increíblemente sexys chicos buenos), uno no espera un guión que descubra el hilo negro de la vida, sin embargo, el mayor fallo de la película no reside completamente en este terreno.
Zoolander 2: no es lo mismo 15 años después pero igual y sí
En 2001 se estrenó Zoolander cinta basada en una serie de sketches que Ben Stiller había protagonizado para los VH1 Fashion Awards de 1996 y 1997, la película mostraba a un modelo sumamente estúpido pero dueño de un estilo único. Ahora, 15 años después de ella, llega su secuela, la cual conserva el espíritu de ella y que complace a sus fans dándoles lo que esperan: risas tontas y toneladas de cameos.
2015, Zoolander y Hansel están retirados, las nuevas generaciones no saben nada de ellos. Cuando una invitación para participar en un desfile les saca de su aislamiento, pronto se ven envueltos en un complot que involucra una de las famosas miradas de Derek, quien debe también reconectar la relación con su hijo.
Las Horas Contadas, sin esperanza en medio del mar
Ocasionalmente Disney busca salir de su zona de confort y realiza películas donde la fantasía no es lo primordial y busca temas que elevan el espíritu humano demostrando que la adversidad no puede doblegar a nadie cuando se empeña a salir adelante. Una de ellas fue Un Golpe de Talento (Million Dollar Arm) de Craig Gillespie, quien ahora dirige Las Horas Contadas (The Finest Hours) con mediocres resultados.
Basada en hechos reales, la cinta retrata la noche del 18 de febrero de 1952 cuando debido a una intensa tormenta, dos buques petroleros fueron partidos a la mitad por la intensidad del oleaje. Uno de ellos logró pedir auxilio y los esfuerzos de la guardia costera para rescatarle fueron casi totales, el otro fue descubierto por casualidad y sólo un pequeño bote salvavidas fue enviado en su auxilio, rescatando a 32 sobrevivientes, en lo que se conoce como el rescate más grande hecho por un bote salvavidas en la historia marítima norteamericana.
Epitafio, cine contemplativo extremo
El cine que retrata hechos históricos es un punto más que débil en la filmografía nacional, por lo regular las producciones adolecen de una falta de recursos tal que lo que se ve en pantalla resulta más falso que una actuación de telenovela, siendo pocas –contadísimas- las que logran trascender y ser creíbles. Ahora Ruben Imáz y Yulene Olaizola nos entregan Epitafio, cinta histórica que además busca ser extracontemplativa.
Durante la conquista de la gran Tenochtitlan, un grupo de españoles es enviado por Cortés al Popocatépetl para ver si hay azufre que les permita abastecer sus armas y así enfrentar a los aztecas. El ascenso se convierte en un viaje a los infiernos de cada uno.










