La octava temporada de “The Walking Dead” dividió a propios y extraños, la serie está llegando a un punto donde parece acusar signos de cansancio y cuando uno cree que va a abandonar, de pronto se percata de que se encuentra enganchado de nueva cuenta a lo que estamos viendo, nos lleva a emocionarnos y llorar el destino de los personajes y esperar que las cosas mejoren para los sobrevivientes. Sí, la serie ya no es una serie de caminantes, sino de la forma en que los humanos nos las ingeniamos para destruir al otro, viendo siempre al enemigo enfrente.
Rick lleva una "guerra sin cuartel" contra Negan y Los Salvadores, quienes son más que su grupo, están mejor equipados y son despiadados - pero Rick y las comunidades unificadas lucharán por la promesa de un futuro mejor. Las líneas de batalla son trazadas y todos deberán sacrificar algo en el camino, el destino de todos los sobrevivientes está en juego y el vencedor podría dictar el destino de las comunidades que están bajo su influencia.






