¿Cómo hacer lo que más te apasiona sin la aprobación de quien más amas? Esta es una de las preguntas fundamentales que se hace Salvador Garcini, autor y director del monólogo “Una actriz sin permiso”. Pareciera que en pleno siglo XXI cualquier persona podría sentirse libre de elegir la carrera que desee con tal de garantizar su felicidad en este mundo que se cae a pedazos, pero lamentablemente la realidad es otra, muchos artistas siguen batallando con los prejuicios que la sociedad tiene de las carreras dionisíacas por considerarlas inmorales y carentes de “seriedad” y más cuando se trata de una mujer actriz. siendo el egoísmo la traba más importante para vivir en libertad puesto que la posesión se disfraza de amor y en ese engaño el miedo destruye al amor.
Eso es lo que le pasa a Alma, la actriz sin permiso, una mujer que se casa con Federico, un hombre que amaba la poesía y el teatro tanto como ella y un día, cuando por fin tienen una hija, este le prohíbe seguir con su carrera de artista ya que no soporta verla en la ficción besando o amando a alguien más pues lo hace quedar mal en el trabajo y la hace quedar mal como madre. Federico le arrebata legalmente a la hija y Alma, con un gran dolor, continúa con su carrera sintiéndose limitada pues sabe que se le ha prohibido actuar. Años después un espectáculo los reencuentra definiendo la inteligencia emocional que han tenido que desarrollar estos personajes a lo largo del tiempo.







