Los asesinos seriales han abarcado grandes partes del entretenimiento. Desde algunas series de corte de crimen verdadero, pasando por documentales de personajes reales como Ted Bundy, John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer o Ricky Ramírez, hasta pasar por la exploración de las mentes criminales o la explotación de esos dementes seres de ficción que matan a destajo. Aunque pareciera que no hay más formas narrativas para abordar el tema, de repente algún proyecto ingenioso demuestra que la forma en que planteas el tema puede ser clave para lograr algo impactante e inolvidable.
Tal es el caso del guionista y director JT Mollner, que con “Asesino Serial” (Strange Darling) propone uno de esos relatos donde pareciera que todo es claro, pero, al final, las apariencias son completamente engañosas. Empezando por una narrativa dividida en capítulos contada de forma no cronológica, el cineasta presenta, primeramente, un dato sobre un asesino que dejó a su paso una serie de víctimas sin ser atrapado. De ahí, vemos a un tipo mal encarado con arma en mano (Kyle Gallner) que persigue a una chica aterrorizada (Willa Fitzgerald) en busca de ayuda desesperada. Esta imagen crea un poderoso primer impacto en la audiencia que, mientras más deja correr el relato, más se sorprende.



Si hay un director capaz de reinventarse, reimaginarse, atreverse a cambiar de dirección y probar algo es sin duda Steven Soderbergh quien desde su primera cinta, la aún extraordinaria “Sexo, Mentiras y Video” (Sex, Lies, and Videotape, 1989) ha apostado por jugar con la narrativa y con el uso de tecnología de la época para crear atmósferas e historias donde el factor humano siempre esta presente, así sean sus comedias, sus dramas, sus cintas de acción y, en esta ocasión, con “Presencia” (Presence) una historia de fantasmas, la cual nunca llega a ser de terror pero si se instala en lo sobrenatural para reflexionar sobre la condición humana.










